Jacopo della Voragine decidió que la Biblia no era lo suficientemente cristiana para él y le agregó cosas chéveres como el descenso de Cristo a los infiernos, creando así uno de los fanfictions más exitosos de la historia. Las imágenes y textos de la tradición no han sido suficientes para nosotros, de modo que las ampliamos para crear aquello que siempre quisimos ver.
Desde hace un año se junta en la CDMX una comunidad de gente creativa que quiere más; siempre más: no les bastan las tradiciones, los productos, las franquicias que todos conocemos, sino que las han hecho verdaderamente suyas en maneras que no me imaginaba que existieran hasta que crucé la puerta de Casa Lucerna. Y ahí, bien camuflado detrás de una fachada que recuerda los fastos porfirianos, se esconde el cuartel que fanzineros, ilustradores, mangakas, escultores y demás fauna creativa han elegido para sede de su místico y maravilloso aquelarre.
El Fucking Hype es el nombre de la reunión en la cual se han dado cita el pasado 9 de Marzo varios creadores de muchas disciplinas: desde la pintura e ilustración más tradicionales, hasta el novedoso Toy Art o el arte de convertir productos comerciales pre-existentes en un pequeño muestrario de la propia personalidad mediante su personalización.
Decía Heinrich Heine que nuestro corazón nunca deja realmente de palpitar por aquello que por primera vez lo hizo latir y una cosa que se ve mucho en los dos pisos que abarca el evento es la apropiación que han hecho los antiguos consumidores (hoy creadores) de animación y cómics, de las franquicias con que tuvieron sus primeros ensueños, regulares y húmedos por igual (que aquí todo se vale).
Que tire la primera piedra aquel que en su infancia dosmilera no soñó alguna vez cómo lucirían nuestras caricaturas favoritas si tan sólo fueran un poco más cercanas a nuestro mundo, si tan sólo se alejaran un poco del imposible Japón de la tele y las leyendas o de los ambiguos Estados Unidos, siempre tan lejos y a la vez tan cerca de México: si nos dieran la oportunidad de reimaginarlos a nuestra imagen y semejanza.
Varias de las propuestas apuntan en esa dirección. Lejos de la severa mirada del copyright y de sus abogados, hoy podemos ver a algunos de los personajes clásicos o del momento como luchadores, como cholos, como godínez y ganapanes: como nosotros.
Pero si para ti la realidad ya es lo bastante real, también abunda la fantasía. Monstruos típicos de toda la vida y aquellos que revolotean en la mente de los autores más intimistas, que aquí presentan sin complejos a los fantasmas con los que han vivido. Y para los que siempre quisimos ver los portentos de México como se merecen, tenemos cuentos amorosamente impresos en ediciones caseras que aún no puedo creer que no sean papel de amate o bien esculturas de criaturas retorcidas talladas por mano amorosa o por el milagro moderno de la impresión 3D.
Pero tú eres un ambicioso, un avorazado, dirían algunos y para ti que no te impresiona tanto el contenido como la forma, hay interesantes propuestas también, que se meten bajo las uñas y cuestionan la manera de hacer ciertas cosas que parecían ya talladas en piedra de Sol. La cultura, como buen vicio, se consume de muchas formas, chicas y grandes; con disciplina y devoción como una serie o picando entre comidas como una estampa. Para disfrutar de una técnica bien cultivada o un concepto original basta algo tan simple como una calcomanía para llevar en la cartera o que puedas pegar en un objeto íntimo; de modo que acompañe a la estampa de la Guadalupana que te dio tu mamá.
Más moderno y cada vez más presente es la impresión 3D que algunos de los expositores no solo han utilizado para dar forma a los moradores de su cabeza, sino que también ofrecen el servicio de dar forma a los tuyos por precios muy módicos.
Y como la creatividad no solo se consume, sino que también se hace, algunos amigos del evento nos ofrecen conceptos nuevos para plasmar lo que tenemos en la cabeza: figuras en forma de tepalcates oaxaqueño-japoneses listas para pintar para que queden como tus luchadores baratos del tianguis y los pongas como amuletos al modo de los gatos de tienda china. Pequeñísimos muros impresos en resina para que los que ya no corremos tan rápido para huir de la patrulla juguemos a ser graffiteros, con todo y su pintura contenida en botes que imitan la forma de las latas. Vaya tiempo para estar vivo.
Si me pongo a enumerar las propuestas no acabo. Aquí lo que parece tradicional tiene siempre un giro novedoso y lo novedoso tiene un aspecto que nos recuerda la tradición que, aunque reneguemos de ella, la seguimos queriendo como se quiere a los ingratos, benditos sean.
Es cierto, muchas de estas ideas hacen levantar la ceja y la inevitable pregunta viene a la mente ¿Quién compra estas cosas? ¿Cómo se mantienen a flote y esperan seguir trabajando estos creadores? Miren, nadie es monedita de oro para caerle bien a todos y una cosa hay que admitir: muchas de las cosas que vemos aquí, por originales que sean, no van a ser nunca parte del mainstream para verlo hasta en la sopa ni gozarán de reconocimiento social: a fin de cuentas, uno no hace lo que le gusta para que le cuelguen medallas, sino para sacárselo del pecho y hablarle a los nuestros, esos nuestros que antes eran tan difíciles de encontrar por lo raro o vergonzoso que podía ser lo que nos une a ellos y que por jamás dicho, no podíamos nunca llegar a saber que compartimos. Pero como la década de los dos mil y la Seguridad Social, eso se acabó: ya no tenemos jubilación, pero es mucho más fácil hallar con quien juntar nuestros desencantos para ver sonreír la vida.
La creatividad pura rara vez se ha hecho por dinero, pero requiere de al menos un poco para poder seguir haciéndose y muchos de estos creadores difícilmente habrían podido seguir trabajando sin el apoyo de las comunidades que han tejido por años, en línea y en la calle. La dinámica del consumo, la circulación, reproducción y apreciación de la creatividad está cambiando que da miedo, pero miedo del bueno.