Portada del disco Cycles.
Portada del disco Cycles.

Reseña por Lalo Enríquez

Cycles (2026)
Bernardo Castro

Moderna Records
Disco: Clásica Moderna / Ambient

De las pantallas a tus audífonos: los ciclos de un creador.

Tener tu introducción al mundo de la música profesional por medio de la creación de bandas sonoras y soundtracks para películas o cortometrajes no es necesariamente un camino fácil. En primera porque literalmente es difícil entrar a ese mundo, en especial en un país como México donde los círculos cinematográficos son más bien pequeños y elitistas, intencionalmente o no. También porque muchos de los que toman ese camino se quedan encerrados en ese mundillo y nunca logran dar el paso fuera de él. Al fin y al cabo, es un camino en el que se paga relativamente bien y te estás especializando en el tipo de acompañamiento audiovisual que los humanos solemos disfrutar de forma natural: complementar una secuencia visual con la emoción musical que le corresponde es algo que no batallamos por entender. Sin embargo, esa misma música instrumental escucharla solos en nuestro cuarto, o viajando en el metro, o caminando en la calle, ya es algo a lo que (curiosamente) mucho menos humanos se animan.

Por eso en lo particular celebro la existencia de este disco debut del compositor y músico mexicano Bernardo Castro. Y bueno, debut es un decir, porque entre los proyectos largos y cortos que ha realizado podemos mencionar algunos nacionales e internacionales: Puc Puc., Terapia Familiar, Wayward, The Impossible Dream, A Living Legend, Vacío, The Neyborhood Storyteller, Ciudadano Ilustre, To Write Love, entre varios más remontándose hasta 2021. Pero este 2026 llega con Cycles, que es un disco de composiciones propias que alcanza los 41 minutos de duración y que aleja a Bernardo del acompañamiento de materiales visuales para enfocarse en la música por sí sola.

Supongo que cualquier creador musical con este nivel de experiencia ya tiene su estilo propio, así como sus preferencias estéticas. Pero me parece bastante curioso un caso como este en el que el compositor tiene que establecer un punto y aparte entre las visiones que le han pagado para ejecutar y hacer realidad, y aquel universo musical propio que quiere comenzar a construir y plasmar como parte de su legado sonoro. También es curioso notar que acá la música tiene sin duda un cierto carácter cinemático y puede dar pie a la imaginación de ciertas escenas o ambientes, pero también funciona del todo por si misma como experiencia estrictamente sonora. Este último es quizás el verdadero reto que tiene un músico con el contexto de Bernardo, y me parece que queda cómodamente superado.

Me costó un poco de trabajo decidir si el disco encajaba primero en la categoría de clásica moderna y en segundo término en la de ambient, o viceversa. Al final, el factor decisivo fue probablemente el tipo de instrumentación, cuyos violines, trompetas, pianos y demás instrumentos acústicos remontan más a lo clásico, mientras que el ambient por lo general tiene una dimensión electrónica que acá no aparece o al menos no es preponderante. Como podrían señalarnos el nombre y portada del disco, todo en Cycles parte de un sentimiento bastante orgánico; las alusiones culturales de este tipo de música nos remontan mucho a la naturaleza, o quizás a escenas íntimas y familiares, donde confluyen diferentes etapas de la vida: por momentos en la música hay casi una inocencia infantil como de descubrimiento del mundo; por otros pasajes el sonido es maduro y con cierto dejo de la sabiduría que solo brindan los años.

Puedo decir, como alguien que sí se escucha sus decenas de discos instrumentales mexicanos al año, que esta es una contribución bastante valiosa al panorama de musical nacional. A veces hay mucha propuesta y poca escuela, a veces demasiada escuela y muy poca propuesta, acá Bernardo Castro alcanza un punto dulce en ese balance.

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