




Reseña por Lalo Enríquez
De Noche en la Ciudad (2001)
Aleks Syntek
EMI Music
Disco: Pop
A 25 años del bumbiborobombom.
Si algo ha quedado claro en los últimos días y semanas, es que las razones por las que los humanos escuchamos o no cierta música en un determinado momento de nuestras vidas es un tema bastante complejo, por decir lo menos. No es raro que el joven defina sus gustos musicales dejándose llevar por la manada, lo que funciona para prender la fiesta, o lo que le brinde un cierto estatus ante los congéneres de su propio sexo o (mejor aún) ante el sexo opuesto. Por su parte, tampoco es raro en absoluto que el viejo deteste ciegamente lo nuevo por ser recordatorio fatal de su propia obsolescencia, prefiriendo vivir en la ilusoria superioridad de todo lo que fue y cada día es un poquito menos.
Y en realmente contadas ocasiones, como la que aquí nos ocupa, sucede que esa barrera intergeneracional se rompe un poquito a razón de uno de los grandes motivadores del consumo y la atención que los humanos manifestamos desde tiempos de las cavernas: el morbo.
Pues estoy seguro que fácilmente se cuentan entre las decenas de miles los miembros de la generación z cuya primera verdadera aproximación a la música de Aleks Syntek está dándose a raíz de lo que muchos han calificado de brote maniaco; en este caso no solo público, sino viral y de proporciones nacionales. Hay quien sale a concordar con algunas de las polémicas posturas de Aleks, hay quien sale a denunciarlas junto con su turbio historial de comportamientos inapropiados, hay quien solo salió por los memes. Más difícil es negar que sus comportamientos aparentemente erráticos y anti-sociales deben de ser resultado de alguna especie de crisis personal, aunque ya tampoco faltan (si uno busca) aquellos que afirman que todo este borlote alrededor del cantante dosmilero no ha sido más que una elaborada pero genial y bastante exitosa estrategia de marketing adaptada especialmente a nuestra era de la posverdad digital.
Resulta que a veces la razón por la que nos tomamos la molestia de reproducir las canciones de un artista que triunfaba hace 20 años, es simplemente porque estamos viendo videos de él perdiendo el control de su vida en redes sociales. Y claro, necesitamos un poco más de contexto. Esa es, siendo objetivos, la historia de por qué Aleks está en el top de reproducciones de México después de muchos, muchos años.
Sobra decir que ese no es mi caso. Bueno, sí y no. No es mi caso en el sentido de que a diferencia de la Gen Z, a mí si me tocó a pleno uso de conciencia el clímax de Aleks Syntek; en su momento de mayor popularidad (2004) yo tenía 9 y aún habitábamos una monocultura: comentábamos los programas de TV al otro día en la escuela y abrumadoramente escuchábamos el radio cuando íbamos en el auto. Si bien no tenía edad o particular interés de ser un conocedor de su música, decir que la estoy conociendo a raíz de estos eventos sería básicamente una mentira. Pero es cierto que también el morbo me regresó a su música y, como decía algún usuario de Facebook, "necesitábamos que nos metiera una buena regañada". Yo fui de esos que dijo "bueno, a ver si así como regaña, la armaba".
Y la respuesta es no. Porque cuando en tus regaños te comparas con Galileo Galilei y casi casi que con Sócrates siendo obligado a tomar la cicuta, te estás poniendo la vara a un nivel que prácticamente no vas a alcanzar ni de chiste. De cualquier modo, obvio que Aleks Syntek si nos puede ayudar a recordar o caer en la cuenta de lo mucho que hemos perdido en los últimos 20 años en términos de música popular. Que creo sí es algo incluso viéndolo desde lo objetivo, y evidentemente se torna en mucho más si a ello sumas la nostalgia: La balada como género está bastante muerta, con su respectivo romanticismo y emoción; el rock ya no es un elemento cultural omnipresente que lega a todo ese dejo de continuidad y unidad; y bueno, la verdad sí es simple y sencillamente pornográfico mucho de lo que ahora llega a éxito juvenil. Que eso sea tan malo como se dice es discusión para otro día; pero lo es, y de ello no hay discusión.
Habiendo dicho eso, el caso de Aleks Syntek me parece muy particular porque creo entender de dónde viene la noción de que tanto Alfredo Adame, unos pocos otros y al parecer él mismo lo tilden de genio. Es claro que es una persona con una visión muy particular y propia de la música, con inmenso talento para ciertos temas como los arreglos, y que sí exploró nuevos territorios sonoros. Pero también es una figura llena de contradicciones artísticas que quiso tenerlo todo. Al final, los otros creadores que hacían música para telenovelas y programas de Televisa están tranquilos en sus mansiones sabiéndose anticuadas reliquias culturales que algunas señoras nunca soltarán; pero para Aleks eso no es suficiente.
Y lo cierto es que tampoco algún disco de Syntek podría ni cercanamente entrar a los cánones de la música mexicana. Creo que algunos no son del todo comprendidos, y que su gusto excéntrico y brutalmente ecléctico es una barrera importante para el típico crítico o aspirante a crítico musical. Hay cierta loca libertad creativa en sus discos dosmileros y por ahí y por acá destellos impresionantes de musicalidad. Pero en efecto, falta alguna seriedad o claridad conceptual y estética. Escuchando sus discos, no me sorprende la personalidad que está mostrando estos últimos días. A toro pasado, es claro que se trata de una persona inquieta e intensa a niveles contraproducentes.
Si tuviera que recomendar solo uno de sus discos creo que sería De Noche en La Ciudad. Aunque ya llevaba años figurando en la escena nacional, ese fue creo su lanzamiento despegue y con el que logró afianzarse en un sitio top de la música pop mexicana. En él encontramos a una figura excéntrica explorando libremente y con indudable personalidad los sonidos de su tiempo, combinando balada pop, con destellos de música urbana, funk a la Jamiroquai y varias cositas interesantes.
Como todos sus otros esfuerzos, es bastante disparejo. Parece que le pasa lo mismo que a tantos otros artistas, particularmente los que son por ahí un poquito tercos o se creen medio genios: faltaba alguien que dijera esto de plano no va. Hay mucha crítica a los productores o ejecutivos censuradores y represores de la música; pero la idea de que el artista siempre puede ser objetivo respecto a la calidad de sus creaciones es risible. Algunos artistas tienen esa capacidad y suelen ser los más finos y trascendentes, y muchos otros serían mejores si escucharan más opiniones ajenas de las personas correctas.
Al final, quizás De Noche en La Ciudad no sea algo de otro mundo o un clásico inolvidable, ni de cerca. Pero es único y merecedor de un curioso cariño, como su creador.


