Portada del libro El libro Vacío.Portada del libro El libro Vacío.

Reseña por Augusto Montero

El Libro Vacío (1958)
Josefina Vicens
Compañía General Ediciones
Libro: Novela

La vida es ese libro vacío que llenamos día con día.

Se dice que la vida es como una novela que día con día vamos escribiendo, al momento de vivirla. Una metáfora sencilla, pero correcta para expresar lo que es la sucesión de la vida en general. Imagínense que ustedes no sólo creen en esto, sino que de alguna manera quieren llevarlo a cabo mediante escribir día a día su vida para así tener el registro de lo que es esta aventura metafísica conocida como existencia. De eso, más o menos, va la obra de la que les escribo hoy.


Publicada en 1958, El Libro Vacío de Josefina Vicens es una novela breve, intensa y sorprendentemente moderna que explora el conflicto entre la vida cotidiana y la necesidad de escribir. Su protagonista, José García, es un hombre común: oficinista, esposo, padre de familia, alguien atrapado en la rutina y en una existencia que parece avanzar sin verdadero sentido. Sin embargo, dentro de él existe una inquietud profunda: el deseo de crear un libro auténtico, una obra que logre expresar lo que realmente piensa y siente. A partir de esa tensión entre la mediocridad aparente de su vida y su impulso interior, Vicens construye una narración íntima, reflexiva y profundamente humana.

La historia no se apoya en grandes acontecimientos externos, sino en el mundo interior del protagonista. José García escribe en cuadernos sus pensamientos, sus frustraciones y su incapacidad para empezar —o terminar— el libro que imagina. Esa imposibilidad se convierte en el verdadero centro de la novela. Lo que leemos es, en buena medida, el registro de una conciencia dividida entre el deseo de alcanzar una verdad personal y la sensación constante de fracaso. Su trabajo burocrático, su relación con la familia y el peso de la vida diaria lo alejan de la plenitud creativa que anhela. Así, el “libro vacío” del título no solo es un cuaderno sin completar, sino también el símbolo de una existencia contenida, de una voz que lucha por nacer.

El primer deber de un hombre es vivir, y mal que bien José García lo hace: sin la pesadez retórica de un autor ni mayores pretensiones que la de dar cauce a un flujo de pensamientos inquietantemente ordinarios, que fácilmente podemos imaginar provenientes de cualquier persona, entre más sencilla mejor. García habla llanamente de meras cosas del espíritu, de todos los espíritus, de esos que en su mayoría se limitan a ponerlos en un paquetito y tirarlos a la basura al final del día, cuando llega la hora de apagar la luz para irse a dormir; pero que, como vemos aquí, tienen mucho de pertinente, para los que viven en su torre de marfil, como para quienes andan a ras de tierra.


Una de las razones por las que esta novela vale tanto la pena es porque aborda un tema universal: la distancia entre lo que somos y lo que quisiéramos ser. Aunque José García desea escribir, en el fondo su conflicto representa cualquier aspiración postergada por miedo, cansancio o inseguridad. Vicens logra que el lector se reconozca en esa sensación de insuficiencia, en la lucha contra la dispersión y en la necesidad de otorgarle sentido a la propia vida. Además, el libro conserva una vigencia notable porque habla del bloqueo creativo, de la autoexigencia y de la frustración con una honestidad que todavía hoy resulta conmovedora. No hace falta ser escritor para sentirse interpelado por esta novela; basta con haber sentido alguna vez que la vida diaria asfixia una parte esencial de uno mismo.

Desde el punto de vista literario, El libro vacío destaca por su tono introspectivo, su sobriedad expresiva y su estructura metanarrativa. Vicens construye una voz narrativa que parece avanzar a base de dudas, interrupciones y repliegues, lo que refuerza la sensación de estar dentro de una mente en permanente combate consigo misma. El lenguaje es preciso y contenido, pero al mismo tiempo muy profundo: no necesita excesos retóricos para transmitir angustia, ironía o lucidez. La novela también resulta innovadora porque reflexiona sobre el acto mismo de escribir; en ese sentido, convierte la imposibilidad de crear en materia literaria. Esa apuesta formal la acerca a preocupaciones muy contemporáneas y explica por qué ha sido leída como una obra adelantada a su tiempo dentro de la literatura mexicana.

Josefina Vicens transforma la aparente inacción de un hombre común en una poderosa meditación sobre la identidad, la escritura y el vacío interior. Su mayor mérito está en mostrar que el drama más profundo puede ocurrir en silencio, en la intimidad de una conciencia que intenta decirse a sí misma. Leerla vale la pena no solo por su importancia literaria, sino porque ofrece una experiencia de lectura honesta, inquietante y profundamente reflexiva. Es una obra que deja pensando al lector mucho después de haber cerrado el libro, como si en ese vacío del protagonista también se insinuaran nuestras propias preguntas.

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