Portada del libro Ficciones de la revolución.Portada del libro Ficciones de la revolución.
Calificación recomendado de Rehilete
Calificación recomendado de Rehilete

Reseña por Memo Fromow

Ficciones de la revolución mexicana (2007)
Ignacio Solares
Alfaguara
Libro: Novela

Si solo hubiera sido diferente: la miseria de la ucronía.

Que se caiga con los chescos aquel que no ha pensado alguna vez que toda su vida hubiera podido ser diferente (usualmente para mejor), si tan solo una cosa, un detalle, una nimiedad, una nonada hubiera sido diferente; cuán felices seríamos si tan solo ESE día algo hubiera sido diferente. Un hombre puede soñar…

Y a eso precisamente se dedica Ignacio Solares en esta colección de breves piezas de algo-parecido-a-la-fantasía histórica que a los entendidos les ha dado por llamar ucronía: el imaginar los mundos posibles de haber sido la Historia diferente de como fue. Varios historiadores que he conocido no estiman en mucho el ejercicio ucrónico más allá de tenerlo por una simple manera de pasar el tiempo o escribir novelas, y, de nuevo, a eso justamente se dedica Ignacio Solares.

En cada uno de los cuentos que componen este libro encontramos una glosa de varios episodios célebres de la Revolución Mexicana: Solares se ha puesto a hacer la tarea en cuanto a investigar los detalles de los trocitos de Historia que narra con un lujo de detalle en el que trasluce la cuidadosa labor de cuasi-historiador que llevó a cabo para escribir estas ficciones. Los relatos son casi siempre la descripción puntillosa de un evento trascendente (el asesinato de Madero y Pino Suárez, el intento de asesinato de Porfirio Díaz, el asesinato de Obregón, el asesinato de Zapata… cuanta matazón, por Dios, a veces se me olvida) o bien de las circunstancias que rodearon al acontecimiento. Y a veces, las más interesantes, a las cosas que rodearon a la negación o divergencia de dicho acontecimiento: lo que pasó antes de que Madero decidió no confiar en Huerta; o después de que León Toral falló en matar a Obregón; de que Zapata no cayera en la trampa de Jesús Guajardo; de que Porfirio Díaz decidiera asesinar a Madero antes de empezar la Revolución o de que el mismo Díaz fuera asesinado en aquel casi olvidado intento de magnicidio que le tocó librar en 1897.

También hay otros cuentos que juegan con lo borroso de las propias circunstancias en que supuestamente sucedieron para entregarse al placer de reconstruir con la imaginación lo que no se puede hallar en las páginas de los archivos ni en las de los cronistas: lo que vio Victoriano Huerta en sus últimos y ebrios días antes de morirse de tristeza y borrachera en su prisión en Estados Unidos; la historia sobre la quemazón de mexicanos en la frontera que circuló tanto en la prensa de la época y en la conciencia de aquel entonces, con el consabido efecto de magnificación que da la imaginación popular a los hechos reales y que acaba por difuminar la ya porosa frontera entre la realidad y la ficción.

Ya me entienden, o más bien a Solares: este libro es un continuo "¿Qué tal sí...?" Tan típico entre los aficionados a la Historia, y sin embargo, pese a lo juguetón del ejercicio, hay una constante muy curiosa que vale la pena señalar: a pesar de que Madero se salve (o no se salve), que Obregón viva, de que Villa gane las batallas, el siguiente cuento es la negación de la negación; a pesar de que el cuento trate de cómo se salvó Madero, el siguiente nos tiene en plena guerra civil derivada del asesinato de Madero; al final las cosas pasaron como de veras pasaron, y aunque las cosas vuelvan a cambiar en ese cuento, pasará lo mismo una y otra y otra vez. Sin importar lo que pase, la Historia siguió su curso normal incluso en la imaginación de Solares. Señora del mundo, la amargada Historia regresa siempre a reclamar sus fueros frente a la grosería que le quiere hacer la fantasía.

Muchas de las más sonadas anécdotas del periodo revolucionario están narradas aquí de manera pulcra y sucinta; prosa precisa de novelista experimentado, pero a decir verdad, el atrevimiento de lo fantástico, que es de los atractivos más grandes de este libro, apenas abarca sino partes mínimas de las narraciones: la vasta mayoría de los textos se enfocan en el comentario y descripción de las circunstancias históricas reales, sospecho que tomadas con excesiva fidelidad de sus fuentes originales (muchas de las cuales Solares tiene la delicadeza de citarnos al final del libro), lo que acaba por hacer que muchos de los cuentos suenen más bien a un intento de crónica que al juego entre leyenda y realidad que claramente es el atractivo mayor. Como en los chistes, hay que esperar el momento final para recibir el giro de tuerca que justifica las páginas anteriores. Cuando el cuento no basa tanto su fuerza en ese giro, suele querer apoyarse en la calidad de su prosa que, como dije, es muy limpia, se deja leer con agilidad y no va a desperdiciar tu tiempo de tan clara que resulta… demasiado clara, al punto que puede resultar un tanto plana.

La Historia es tan canija que le gana a la fantasía misma. La sensación de fatalidad y desamparo frente a sus fuerzas es tal, que hasta la misma imaginación tiene que acabar admitiendo que aún de haberlo sido diferente lo que pasó, en un país como México, hubiera llevado al mismo resultado. Quizás de ahí la misma austeridad de la prosa, como si ya supiera que, aunque hable de escenarios fantásticos, sabe que no hay de qué emocionarse realmente: en esta historia, aunque le cambies el final, acaba siempre igual.

Vale máiz.