Portada del libro Imagen NO Encontrada.
Portada del libro Imagen NO Encontrada.

Reseña por Memo Fromow

Imagen NO Encontrada (2026)
Edgar Camacho

Fondo de Cultura Económica
Libro: Novela Gráfica

¿Qué quedará de nosotros? De olvidar en la era digital.

Dice San Juan al principio del Evangelio que el origen del mundo es el verbo que se hizo carne, y aunque por supuesto estoy pasando por sobre cientos de años de hermenéutica y simbolismo con un simplismo de primaria, agregaría también, que le faltó decir a Juan que el mundo también es imagen, porque como dijo otro evangelista “hasta no ver, no creer”.

Palabras hay muchas, y a menudo nos hablan de cosas que no existen, pero las imágenes, esas son distintas: hasta antes de la inteligencia artificial, una imagen era la prueba más tajante que podía solicitarse para probar que algo existía. Una imagen vale más que mil palabras: no en vano tantos de nosotros atesoramos esos pedacitos mínimos de realidad pasada como anclas emocionales a tiempos más felices, que a veces, de tan distintos, ni creeríamos que sucedieron de no ser porque hay una prueba visible. Con la llegada del internet, se nos aseguró, además, que la piedra digital sería un acervo mucho más confiable que cualquier archivo, donde todo quedaría recordado por siempre jamás… mientras dure la infraestructura necesaria para retenerlo. Es un poco angustioso si lo piensas: cobrar consciencia de que tu imagen sobrevivirá mucho más que tú hasta un tiempo en que ya no tendrá sentido para nadie, suena bastante como el olvido que intentamos conjurar, por mucho que haya una imagen revoloteando por ahí tan solitaria como las ánimas del purgatorio.

Un poco presa de esa ansiedad es la que vive tras la pandemia Libertad, una universitaria algo nerviosa quien, pese a los años, sigue sufriendo secuelas del proceso de duelo al que se vio sometida cuando murió su padre en tiempo del COVID. Qué lejos suena ya ¿verdad? ¡Pero pasó! Y hay muchas imágenes que lo prueban: de lo que ya no hay imagen, es del padre de Libertad, a quien acosa la consciencia de que está empezando a olvidar su cara.

Parece mentira: tantos años, y todo lo que queda para recordarlo es la desabrida foto de su título universitario que data del año del caldo. Lejos ya de aquel rostro con el que ya no lo recuerdan aquellos que lo amaron.

Libertad, llevada quien sabe si por lo que se dice a sí misma o por una ansiedad más profunda, se embarca en una cruzada por algo tan sencillo como obtener una imagen reciente de su padre, cosa que termina por ser (para variar porque si no, no habría libro) bastante más difícil de lo que aparenta. Y todavía más cuando la vida se pone en tu camino con aspectos tan banales como los amigos, la escuela, su madre y demás cosillas que empiezan a perder su justa dimensión según crece la ansiedad de Libertad.

¿Quién iba a pensar que llegar a obtener una simple imagen de tu padre sería una epopeya en que el enemigo es la legislación en torno al uso y almacenamiento de datos personales por parte de las empresas tecnológicas? ¿Desde cuándo se volvió tan difícil conseguir una foto tuya en el Street View de esa vez en que saliste en calzones a sacar la basura con tanta mala suerte que ese mismo día pasó el cochecito de Google tomando fotos?

Imagen No Encontrada es una novela gráfica que elige usar su estilo gráfico como un medio plástico para asentar un humor angustioso antes que como una demostración de virtuosismo. Igual que muchas obras en las cuales los objetos representados están claramente muy lejos de parecerse a sus contrapartes reales, en la presente hay que apreciar, antes que anatomías bien estudiadas o cuidadosos estudios de perspectiva y espacios, la expresividad que toman tanto los personajes como los objetos. A estos se les estira, ganan o pierden color, se deforman y se convierten en lo que sea con una plasticidad que cabe esperar de una historia más centrada en el abstracto tema de la imagen y el gradual proceso de sentir cómo se desdibuja en la memoria del mundo. Y si te parece por lo que escribo que te vas a ver agobiado por pesadas disquisiciones filosoficoides que no le importan más que a algunos estudiosos a quienes nadie paga, debo aclarara que el tema está abordado desde el muy palpitante problema de la conservación de nuestra identidad en internet.

Hoy, que las caras de las personas en el Google Maps están pixeleadas y la administración de nuestra imagen es un asunto sujeto a criterios legales no siempre bien definidos, es pertinente volver a plantearse nuestra identidad no solo como materia para abogados y contratos de confidencialidad, sino como algo de valor puramente sentimental en plena economía digital donde datos tan baladíes como el rostro de alguien se vuelven objeto de complejas regulaciones que impiden a una familia volver a ver a un ser querido. Y sin embargo, dichas leyes están ahí por una razón: la novela no es una denuncia, ni siquiera toma un tono especialmente acre en cuanto a la tan a menudo deshumanizante dinámica del control de datos; la novela nos deja casi solos con Libertad y sus sentimientos, cada vez más conflictivos. No hay aquí hondas reflexiones a la Black Mirror (o al menos tratadas al mismo nivel), sino la historia de una chica ansiosa y agobiada por la vida en un momento poco conveniente, tratada con un código simbólico sin demasiadas pretensiones para aderezar metafóricamente una temática muy elemental, pero no por ello menos importante, menos aún en nuestro tiempo.

Vale la pena dedicarle la hora que te toma leer el libro completo para dar con la resolución de esta historia, que rehúsa la completa redondez de su composición para darnos un ingenioso y conmovedor cierre.

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