Reseña por Memo Fromow

La Revolución Mexicana en el Cine (2013)
Bernd Hausberger y Raffaele Moro

El Colegio de México
Libro: Cine / Crítica literaria

Un México, que de tan falso, parece real.

Me encanta la crítica literaria, no en vano la practico aquí con mis compas de Rehilete. Más allá de esa visión tan elitista de “moldear el gusto del público” (aunque algo hay de eso, la verdad), lo cierto es que escribir tus pensamientos es una manera de confrontarte a ti mismo y te obliga a reparar en cosas en las que a primera vista no habías reparado; a hacerte preguntas sobre lo que viste en las cuales no habías pensado. Ahora, como lector de crítica literaria, frecuentar el género te permite acceder al conocimiento de otra persona y a su talento interpretativo para darle forma a algo con lo que quizás no estés tan familiarizado o para aclarar las dudas sobre lo que viste en las páginas; o en este caso, en la pantalla.

Más allá (mucho más allá) del estereotipo del cinéfilo mamador está el crítico como académico, que aparte de ponerse bufandita y boina, se va a las entrañas de las producciones, analizando su historia y las condiciones de su creación para llegar a conclusiones sobre el mensaje que a veces ni el mismo creador había pensado, inmerso como estaba en el hybris del momento. Y si encima le agregas un gran conocimiento de las técnicas narrativas y un vasto conocimiento literario, pues tienes dinamita crítica.

Y aquí lo que tenemos es justo eso: que la editorial académica y los términos rimbombantes no te intimiden, en estas páginas hay desde un sesudo análisis del cine como industria en México, Europa y Estado Unidos, a sesudas disquisiciones sobre la preparación de Sergio Leone como artista merced a su contacto con el medio pictórico romano.
Si bien jamás le voy a echar tierra a la crítica puramente estética, yo soy más del tipo que le gusta interpretar las cosas por su circunstancia histórica: no en vano hice tanto clic con un libro cuyos autores son en su mayoría historiadores. Lo que veremos a continuación es cómo en virtud de esta preparación, el libro nos propone una tesis sobre el porqué del auge de un género tan identificado con una cultura específica como es la estadounidense en un país que parece a primera vista tan distinto. Y por si fuera poco, nos da también detalles sobre como la autoritaria política cultural mexicana influyó en el recibimiento comercial y crítico de un producto como el Spaghetti Western en México.

Empecemos por el principio: estos ensayos se explican la situación planteando que la competencia de la televisión contra el cine fue un factor clave para desincentivar las producciones de westerns en Estados Unidos ya que en televisión se producían más barato, pero para menos gente, pues pocos tenían tele aún. Para llenar ese vacío de un producto muy demandado en Europa, surgió Italia como competidor directo; pero no cualquier Italia, sino la de largo '68, un momento de efervescencia política en el que muchos directores y escritores que eran a su vez militantes políticos y participaban en esta industria aprovecharon para resignificar en clave contestataria un género tradicionalmente estadounidense y conservador. Es en un contexto así que el lugar de México en el western toma relevancia y como dos elementos aparentemente lejanos se tocan: los sucesos políticos de México con la política italiana de mediados de siglo. Si a esto le añadimos que los italianos no tenían que atender a un público con los mismos valores que los estadounidenses, esto les permitió salirse del huacal en cuanto a muchas convenciones que limitaban las narrativas del western por aquel entonces: es así que lo hallamos llenos de antihéroes, villanos inconcebiblemente perversos para estándares de las clásicas películas gringas y conflictos morales más profundos.


En las películas estadounidenses la Revolución fue una excusa, primero para ensalzar a los heroicos vaqueros estadounidenses como contraparte de los perversos bandidos mexicanos, y luego como una arcadia salvaje donde situar a un héroe blanco clásico que fue expulsado de una sociedad más civilizada pero más innoble. Al spaghetti western eso le vale máiz, y con una mirada mucho más cínica reinterpreta al personaje estadounidense como un arribista o mercenario sin mayores escrúpulos que se junta con mexicanos que, aunque siguen siendo en su mayoría bandidos despolitizados y algo tontos, ya no son meros comparsas de los gringos, sino que en muchos casos, se convierten en protagonistas de su propio destino, sea heroico o infame, que de todo hay en este mundo: pasa en las películas, pasa en la vida.

Así pues, toda una escuela de directores politizados halló en la Revolución Mexicana un subterfugio perfecto mediante el cual canalizar sus inquietudes políticas a través de un género cuyo éxito comercial era bien conocido. ¡Voilà! Crítica social de gran calado para todo público. Una auténtica bomba cultural.

Mientras tanto en el Salón de la Justicia, también conocido como México, el PRI ya tenía un discurso muy claro con el cual encauzar la producción cinematográfica: la Revolución es la raíz del Nuevo México, si señor… pero mejor no recordar que eso implicó mucha gente muerta, traiciones e intereses mezquinos, como suele suceder en la guerra, ejem. Por tanto, la imagen que daban los combativos directores italianos un México violento y lleno de crítica social, sin las convenciones morales del western y sin el menor miramiento, como producto extranjero, para con las normas narrativas de la censura mexicana, lo hizo un blanco de la censura estatal.


Toda esta tesis, está, por supuesto, mucho más pormenorizada en el libro mismo, y por supuesto acompañada de muchísimos ejemplos, citas, anécdotas curiosas y, de lo mejor, un índice con todas las películas citadas o referenciadas para que hagas maratón.

Este es sin duda de esos libros que te cambian la visión de las cosas: desde la primera ves que lo vi en una Feria del Libro del palacio de Minería allá en 2013 y solo tuve tiempo de echarle una breve leída a las primeras páginas, con eso bastó para que se me quedaran cosas que recuerdo hasta hoy, que finalmente pude volver a encontrar el libro. A propósito de eso… les voy a ser sincero chicos y chicas: es poco probable que puedan encontrarlo fácilmente. Desde que lo vi por primera vez hace ya más de una década al entonces impagable precio (para un preparatoriano como era yo) de 350 pesos, supe que iba a pasar un rato para que lo volviera a ver. Se trata de una obra editada por el Colegio de México, cuya editorial, aunque de probada calidad, tampoco es que produzca tirajes muy grandes ni circule mucho fuera de librerías especializadas. Así que, si ves un ejemplar en un tendedero de libros, como me pasó a mí, o si de puro churro te topas con algún ejemplar agárralo, que se te va, y vale totalmente la pena.

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