




Reseña por Augusto Montero
La Señora en su Balcón (1959)
Elena Garro Banda
Plaza y Valdés
Libro: Teatro
El infierno es la repetición.
Nínive, conocida en acadio como (Ninua), en siríaco como (Nīnwē), en hebreo como (Nynwe) y en árabe como (Naynawā), fue la capital y la ciudad más grande del Imperio neoasirio. Se localizaba en la actual Mosul, Irak, y es mencionada en el Libro de Jonás como una «ciudad de gran tamaño, que se podía recorrer en tres días». Poderosa ciudad según las antiguas escrituras, pero para una niña de nombre Clara era algo más, era algo mítico, una suerte de escape de la realidad y la monotonía, una posibilidad de ser realmente feliz.
La señora en su balcón es una obra que si bien fue escrita a finales de los cincuenta, casi cualquier soñador se puede sentir identificado con su protagonista. Clara, una mujer arrepentida de haber desperdiciado su vida en la monótona espiral del conformismo y que no hizo otra cosa que quedarse en un triste sedentarismo cuando su cuerpo -o alma, mejor dicho- le gritaban todo el tiempo que saliera volando por el balcón de su departamento.
En la obra de Elena Garro se nos plantea el ocaso de la señora Clara, una vieja que rememora cómo sus sueños de libertad, amor verdadero y fantasía fueron castrados por tres hombres: uno en su infancia, otro en su joven adultez y uno más en su madurez, respectivamente por su profesor de primaria (García), su primer amor (Andrés) y su esposo (Julio). Durante sus momentos finales, Clara se enfrenta a los escenarios más duros de su vida, cuando poco a poco perdió la ilusión por vivir acorde a sus anhelos. En su infancia era una niña muy despierta e imaginativa, cuyos sueños no eran seguir la vida de una ama de casa, acorde al tiempo en que le tocó crecer; ella soñaba con escapar de su realidad cuando le es revelada la existencia de una ciudad antigua, la cual a sus ojos representa otra posibilidad de existir -una fantasiosa y mágica-, la ciudad de Nínive que en sus palabras “…es blanca y picuda, y sus escalinatas llevan al cielo.” Sin embargo, su profesor la regaña y desanima diciéndole que esa ciudad ya no existe. Con esto vemos el primer acercamiento a la frustrante realidad que irá cargando conforma crezca.
En el segundo recuerdo, la vieja Clara ve cómo sus ilusiones del primer amor se ven frustradas cuando Andrés le ofrece una vida normal y tranquila, en una relación segura de matrimonio. Ella quiere amar libremente sin ataduras y conocer el mundo, pero éste le reclama que deje esos sueños imposibles.
Finalmente, su esposo Julio termina por destruir su felicidad cuando le dice: “Ya vas a empezar con tus locuras.”; en una de las tantas discusiones con ella, por no estar satisfecha con la vida pasiva y repetitiva del matrimonio que terminó por aceptar.
Como vemos, su vida no es otra cosa que una constante repetición de desilusiones. Ya vieja, Clara reflexiona que toda su vida fue repetir el mismo patrón de anhelar a libertad y otro tipo de felicidad, que no era al que una mujer de los años cincuenta en México debía aspirar. Y al jamás confrontar sus miedos sólo recae en el mismo error de huir y huir, pero jamás atreverse a buscar la verdadera libertad.
Esta obra nos llega al corazón, porque no existe persona que alguna vez no se haya arrepentido de tomar o no una decisión basada en el miedo al “qué dirán” o esperando cumplir ciertas expectativas. Finalmente, todos somos responsables de nuestra vidas y de no dejarnos de ilusionar por aquello que nos conmueve. No debemos permitir que los demás destruyan nuestros sueños o podríamos terminar como Clara: pasando los últimos días de nuestras vidas sentados en un balcón con vista a la ciudad deseando saltar, para quizás, así, poder empezar nuevamente de cero en otra vida y hacer todo lo que no hicimos en ésta.