




Reseña por Memo Fromow
La Torre de Cristal (2026)
Eduardo Parra y René Padilla
Random House
Libro: Novela
¿Cuántas conspiraciones necesitas para matar a un hombre?
Son muchas las cosas que damos por sentadas solo porque lo dice un libro, sea de texto o heterodoxo. Nos preciamos de muy críticos y muy escépticos, pero lo cierto es que cuando hablamos de muchas cosas, por lo general nos remitimos a la versión más convencional a falta de una más creíble. ¿Pero quién nos puede culpar? Ofrecer una explicación alternativa y razonable implicaría una larga y cansina labor de investigación que la mayoría de nosotros no tenemos ni el tiempo ni las ganas de emprender sobre asunto los cuales, después de todo, casi nunca ni nos van ni nos vienen.
Sigue siendo mejor que irse al otro lado y renegar de todo cual chamaco contreras y esgrimiendo conspiranoias entre más jaladas mejor, pero intuimos que hay algo más allá de lo que creemos conocer.
Esos intersticios de la Historia son y han sido desde siempre veneros para imaginaciones desbocadas, que hacen con su sospechosismo algo más que comentarlos ante desconocidos incrédulos en fiestas del amigo de un amigo después de demasiadas cheves; en esas, agarran lo que saben, buscan lo que no saben, y nos lo entregan en cómodo formato de novela negra-histórica para disfrute de escépticos deseosos de dejar de serlo.
Así nos llega La Torre de Cristal, novela a dúo de un par de escritores bien acostumbrados a las oscuridades de la novela negra y las oquedades de la acción humana: Eduardo Antonio Parra y Carlos René Padilla.
Como en aquella canción, esta historia comienza en el rincón de una cantina, donde el viejo reportero “El Güero” García, le relata sus viejas glorias a la nueva generación de novicios imberbes mientras los destruye en el dominó, y cual abuelo bajo el viejo roble, se dispone a contarles un cuento de sus mocedades, de cuando le tocó reportear uno de esos casos que hacen época:
Es 1939, el último año del mandato presidencial del original Tata Cárdenas; en España, Francisco Franco disfruta las mieles de su victoria e inunda América de refugiados; el mundo está en vilo ante la inminencia de una nueva guerra mundial; un estrangulador de mujeres anda suelto en las calles de México y Lev Davidovich Trotksy es brutalmente asesinado en Coyoacán de la mano de un críptico asesino.
¡Zaz!
En medio de semejante ambiente, lleva su burocrática existencia el doctor Alfonso Quevedo: criminólogo eminente, alumno predilecto del ilustre juez Robledo, investigador de la policía y enamorado (aunque no se anime a hacer nada al respecto) de su secretaria Lupita.
En paralelo tenemos a Valentín Quintanilla: veterano de la revolución, terror de los malandros de la CDMX y clásico policía malo al servicio de su jefe… el juez Robledo, quien a su vez ha quedado a cargo de investigar las extrañas circunstancias alrededor del asesinato político más sonado de la década (El asesinato de Trotsky, por si te había quedado duda).
Como no podía ser de otro modo, Robledo va a necesitar la ayuda de estos dos personajes tan opuestos para constituir una clásica pareja dispareja/ dúo dinámico contra el crimen, pero como toda dupla clásica, deberán aprender a trabajar juntos a pesar de sus marcadas diferencias: un macho todo-lo-puedo con mucha calle y un científico muy refinado que piensa mucho antes de actuar. ¿Podrán limar sus diferencias a tiempo antes de que los agentes soviéticos en México lleven a cabo su plan para liberar por su lado al asesino? ¿Qué extrañas relaciones de poder se mueven dentro del gobierno del Tata Cárdenas para permitirse despachar a un amigo personal del presidente en sus narices?
¿Qué pasará, qué misterio habrá, puede ser su gran noche?
¿Qué hay en México? Mexicanos, desde luego. ¿Qué hace un escritor de novela negra? Escribir misterios y luego resolverlos, naturalmente.
La Torre de Cristal es un thriller de manual, fiel seguidor de El Complot Mongol de Rafael Bernal en cuanto a imaginar cómo las redes del espionaje internacional anudan en México. Disculpen lo obvio de la comparación, pero las similitudes son demasiadas como para dejar de observarlas: más original puede ser emparentarlo con Tierra Roja de Pedro Ángel Palou, que además de estar también ambientado en el período cardenista, igual nos ofrece un misterio a resolver en las entrañas del poder. Pero suficiente de comparaciones ¿Qué hace única a esta novela en la avalancha del género negro en México de estas últimas décadas? No mucho, la verdad, más allá de no tratar de narcos. La novela político-policial es un marco que si no está virgen, no creo conocer demasiados autores que lo tomen como suyo, aunque incurran, lo mismo que la novela criminal “estándar” (por llamarla de algún modo) en los tropos más manidos del género. Esconde mejor sus giros de tuerca que otras obras como La Visible Oscuridad de Norma Lazo, pero con un mínimo de conocimiento de la historia de México, ya tienes, casi desde el vamos, la respuesta al misterio principal, lo cual le resta bastante impacto y desmerece de la narración y los incidentes secundarios, esos sí, muy bien llevados, que conducen a un desenlace ya muy desenlazado y resuelto mucho antes de llegar a él.
Yo sé que es difícil tejer un buen misterio, de esos que te tienen perdido y dando vueltas antes de sacarte una buena sorpresa, así que tampoco me voy a ensañar ahí, sobre todo considerando que lo que (sospecho) más bien quisieron hacer los autores fue recrear una época y meter un poco de su cuchara en ella imaginando un par de personajes muy ad hoc para medirse con las injusticias de la Historia con H mayúscula. Una manera ingeniosa de los autores de responderle simbólicamente a la versión oficial de la misma y declararle que aunque no poseen la verdad, no le creen, y es un acto de levantisca libertad, inventa su propia versión, que para fines prácticos, es igual de creíble.
No estoy muy seguro de lo que aporte meter la historia como parte de una narración hecha por un personaje tangencial de la historia como es El Güero García. Ultimadamente no cambia nada y la historia podría haberse desenvuelto perfectamente igual sin recurrir a un marco por momentos aburrido e intrusivo para los que no le sabemos al dominó.
La novela está planeada como la primera parte de una secuela o bien el inicio de una serie: varias de las subtramas quedan en suspenso y los corajes contra los malosos bien encendidos para cuando los volvamos a encontrar en lo que será una entrega sucesiva.
Veremos qué misterios le reserva el sexenio del presidente Ávila Camocho a nuestros personajes; porque lo que fue al país y al mundo, eso ya lo sabemos.


