Portada del libro Los Esbirros de Palacio.
Portada del libro Los Esbirros de Palacio.

Reseña por Memo Fromow

Los Esbirros del Palacio (2026)
Augusto Mora

Fondo de Cultura Económica
Libro: Novela gráfica

El que de santo resbala, hasta políticastro no para.

Lo hemos dicho varias veces de un modo u otro aquí en Rehilete: tanto la llamada historia oficial de la que se enseña en las escuelas como la que te viene en Tik Toks y reels de 30 segundos con el título “lo que la historia oficial no quiere que sepas”, son inútiles y generalistas. Lo bueno viene cuando te metes a las entrañas de las comunidades a ver qué forma tomaron los “grandes acontecimientos” en la vida real, en las vidas de las personas y sus modos de subsistencia. Ahí y en los archivos está lo mero bueno: de no haber sido por las lecciones en microhistoria del gran Luis González y González nunca me habría aventurado a descubrir relatos reales tan raros como el escuadrón de las viudas guerrilleras que aterrorizaron Puente de Ixtla en Guerrero, o la enrevesadísima historia política de este Estado durante la posrevolución.

Yo sé que esto suena aburrido y pesado, pero por fortuna para los que tenemos trabajos de oficina y horarios restringidos, podemos contar con autores como Augusto Mora, que nos cuenta de otro modo la otra Historia de México, la de las luchas subterráneas que tuvieron lugar en el México profundo, lejos de las grandes batallas y acontecimientos, pero decisivas para la conformación de la cultura política posterior a la Revolución y, de paso, para entender el presente, si se saben armar las piezas del rompecabezas.

En los años 20´s, Aureliano es un politicastro rijoso pero honesto y combativo que trabaja con el muy local Partido Guerrerense, émulo de tantos partiditos en que se movía la política mexicana de entonces. Estamos en plena ofensiva del Partido Nacional Revolucionario (también conocido como el abuelo del PRI, para los que no se acuerden) por absorber a todas las fuerzas políticas que pueda en los estados a fin de crear la suficiente unidad política para gobernar en santa paz, que así nada más no se puede ¡caramba! Y para eso, el PNR cuenta con que la gubernatura del estado la gane el general Vergara, su mero gallo para poner orden entre tanto mitote, y de paso callar la revuelta campesina que clama por tierras para trabajar.
Entre la cargada oficial del gobierno por Vergara y la decadencia del Partido Guerrerense, envuelto en el descrédito después de un incidente violento, Aurelio empieza a pensar que tal vez ya estuvo bueno de tanto pelear por la justicia y tal vez sea momento de sentar cabeza, ponerle casita a su amante, la hermosa Arcadia y volverse testaferro para el caballo ganador: total ¿quién se acuerda de un justiciero? Y así empieza su nueva vida como diputado de día y matón de pueblo para el gober precioso los fines de semana.
Pero cuando te acostumbras a ganar, es fácil olvidar que no hay enemigo pequeño y será por un pequeño descuido que a Aurelio cobrará conciencia de cuán poco vale el poder de un gobernador ante un camio de régimen y cuánto menos aún vale un verdugo de pueblo chico cuando a sus patrones empieza a apretarles el cinturón.
El descenso de Aureliano a la infamia es un camino trágico que se trata con la seriedad del caso, con la tristeza de quien pierde un buen hombre; nada más lejos de las risotadas cínicas y crítica facilona de La Ley de Herodes a pesar de que tratan, en esencia, el mismo tema. Curioso como se puede contar de otro modo lo mismo.

Investigando para esta reseña me entero que Mora ya tiene rato que se graduó como autor de temas políticos e históricos y que el único sorprendido con eso soy yo, que me entero con años de retraso: pero vale la pena la agradable sorpresa. Nunca me imaginé que uno de mis viejos consentidos de la antigua revista MAD México, a quien conocí hace ya tanto con sus caricaturas de Muerte Querida, llegaría a adentrarse en un thriller político tan noir en el México del Maximato. Supongo que de haber conocido antes su obra Grito de Victoria, situado en los días del Halconazo, me las habría olido mejor.

Debo decir, cuando era muy joven y no concebía más arte que el de los museos, no me parecía que el estilo tan marcadamente caricaturesco de Mora sirviera más que para eso, para caricaturas, ni tampoco que las caricaturas sirvieran para poco más que aplacar el aburrimiento. Hoy, que me he desapendejado un poco, me doy cuenta de la potencia de la caricatura y de la ficción para describir y moldear realidades, y de paso, de la excelente dupla que hacen las grotescas anatomías de Mora con el submundo de la baja política de pistola en que el autor pone a rodar a sus elegantes esperpentos. Porque el hecho de que estemos tan lejos de la corrección anatómica no impide a estos muñecos tan retorcidos ser bellos y elegantes cuando quieren. El lápiz de Mora es, en verdad, lección de hibridación entre lo solemne y lo grotesco: si tenemos hombres bola que se enroscan cual serpientes sin respeto a la rigidez de los huesos, también tenemos finos rostros de elegantes ángulos e imposibles ojos curvos que entre mapas jalados son más sugerentes. Con todo esto ya considerado, el hecho de que el libro esté a blanco y negro es solo un detalle accesorio en la construcción de este noir: lleva el negro por dentro; el de afuera es decoración.


No pensaba que lo grotesco y lo sublime fueran cosas que pudieran fundirse tan orgánicamente: puntos extra por aprovechar esta inesperada sugestión gráfica para contarnos una historia necesaria que alumbra un período clave de la vida (íntima) de la patria grande y de la chica.

Nada como recordar viejos tiempos de la mano de un conocido, tiempos en que yo leía a Regino y a su jefe en el excusado y en que la política se hacía con pistola al mejor estilo de La Sombra del Caudillo ¡Los dos a la vez!
Ni Aureliano, ni el general Vergara, ni el Partido Guerrerense aparecen en la Breve Historia de Guerrero de Carlos Illades, pero no hace falta que lleven sus nombres para reconocer en ellos a los personajes que los inspiraron. La trayectoria del Guerrero revolucionario y posrevolucionario debe estar entre las más accidentadas historias regionales del período: hacerla más accesible mediante una ficción estructurada es un servicio a la comunidad, y si bien reconozco que al principio de esta reseña acusé a las Historias de libro de texto y de Tik Tok de reduccionistas, mientras que agradezco la simplicidad que nos ofrece Mora, cabe aclarar que el mérito de nuestro autor por sobre sus rivales es que nos invita a ver más allá, a ver quienes eran esas personas en las que se basan sus personajes, a admitirnos ignorantes y mirar por encima de la ficción, sin pretender comprenderlo todo en “Las 10 cosas que no te dijeron en al escuela” y pretender que con eso ya tienes para entender tu realidad.


La verdad se conoce a pedacitos: toma tiempo y trabajo. Obras como las de Mora nos lo hacen más placentero.

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