Un brillante más que reluce entre los ríos y arroyos de Xalapa.
Los últimos años parecen no querer dejarnos ninguna duda de que Veracruz está reclamando su histórico y debido lugar como una de las grandes potencias musicales de México. Entre muchos grupos destacados de música originaria, ahí reclaman sus orígenes artistas mexicanos enormes de este momento como Patricia Brennan y Natalia Lafourcade. Pero si nos vamos específicamente a Xalapa, la cosa de pone aún más impresionante: César y su Jardín, Silvana Estrada, La Calandria, Francisco "Paquito" Cruz y por supuesto, quien acá nos ocupa, la cantante y arpista Alejandra Paniagua.
El rasgo que parece unificar a todos y cada uno de los músicos y creadores xalapeños recién mencionados, es que se encuentran en la vanguardia nacional en lo que refiere a integrar de forma orgánica pero propositiva el sentir y el sonido folclórico mexicano (particularmente el del son jarocho, pero no exclusivamente) con tendencias e influencias extranjeras como lo pueden ser el jazz, el folk, los ritmos sudamericanos, lo que difusamente se conoce como "world music" y en general la tradición anglosajona del álbum. No tengo tanto insight a la escena local de Xalapa como para entender por qué este fenómeno está aconteciendo en este momento y lugar específico de la historia; pero ya es algo que no se puede cuestionar y lo único que sé es que aquello que le estén poniendo al agua de esos lares tienen que seguir poniéndoselo... y por mucho tiempo, esperemos.
Alejandra Paniagua no es ninguna debutante, ya que por allá de 2022 (parece cercano, pero ya son cuatro años de distancia) entregó su primer lanzamiento en largo, de título Flores; si nos remontamos a su primer sencillo hablamos desde 2020, así que trayectoria sin duda la hay. La verdad es que ese primer álbum ya tenía muchas cosas que rescatar y eventualmente sería bueno reseñarlo también por acá en Rehilete. Desde aquel Flores escuchamos que uno de los sellos distintivos de Alejandra es su uso del arpa para adornar y embellecer su propuesta de folk de cantautora con toques mexicanos, que sin duda se beneficia de contar con uno de los instrumentos que históricamente más han enriquecido el sonido del son jarocho de su región.
Fuera de ese factor del arpa, debemos decir que esta tendencia de cantautoras folclóricas como Silvana Estrada, Laura Itendehui, Natalia y otras mexicanas y sudamericanas, se ha caracterizado por su fuerte competencia y presencia en la escena musical actual, y diría que también es muy, muy prevalente en la música anglosajona contemporánea. Seguramente en retrospectiva veremos esta como una época dorada que dejó mucho material de gran calidad en ese ámbito, pero en este momento creo que es justo decir que ya no recibe puntos por innovación.
De cualquier forma, me parece que la evolución musical y emocional para Madre es palpable. En este reciente lanzamiento de poco menos de media hora de duración nos recibe una colaboración con una artista chilena que a mi me gusta mucho (Rosario Alfonso), pues su disco De Canciones Tristes y Otras Sutilezas entró en mis listas de lo mejor del año por allá en 2022. Sin duda la química es muy buena, pues son creadoras que habitan un nicho similar. El disco sigue su curso con buen sentido de flujo y algunos excelentes temas como 'Este Llover' o 'Madre'. Argumentaría que quizás una debilidad del disco es que la segunda mitad es palpablemente menos emocionante que la primera; creo que la mayor parte del material fuerte del disco se inclina hacia la primera mitad, aunque admito que quizás con más escuchas esa percepción pueda cambiar.
Debo decir que es un disco ampliamente recomendado con algunos momentos preciosos, un concepto sonoro y temático sólido, así como una muy bella portada, que contribuye a un nicho que me da muchísimo gusto que siga explotándose en nuestro país, particularmente en la región oriental.