




Reseña por Lalo Enríquez
Marchita (2022)
Silvana Estrada
Altafonte
Disco: Folk
Un logro de la sensibilidad musical mexicana.
Con sus respectivos matices, no es exagerado aseverar que Marchita fue el disco que catapultó de manera irreversible la carrera de la cantante veracruzana Silvana Estrada a terrenos internacionales, en los que siempre da gusto ver merodear a nuestros creadores mexicanos. Aunque por supuesto, dicho crecimiento a nivel global tuvo su análogo impulso en tierras nacionales, donde la mera neta es que también eran contados los que habían escuchado su muy buen disco de Lo Sagrado (2017), o en general cualquier otro producto de Silvana antes de que comenzara a presentar sus primeros singles para el lanzamiento que acá nos ocupa, mismos que vieron la luz en plataformas partiendo por ahí de Julio de 2021: todavía dentro de los terrenos de la pandemia, pero en su recta final.
Es claro que antes de Marchita ya la cantante merecía aclamación crítica y popular por lo que había logrado en su primer disco y en algunos otros lanzamientos como su EP Primeras Canciones o diversos sencillos desperdigados entre 2017 y 2020. Pero también es completamente comprensible que con su segundo lanzamiento en largo haya roto esas limitaciones que antes le imponía el acotado mercado nacional de música independiente.
La primera razón es simplemente la constancia: un primer disco con calidad palpable es sin duda un paso inicial de lo más importante; pero los siguientes lanzamientos tendrán la ventaja de ya gozar con un catálogo de respaldo al cual el escucha podrá acudir cuando la novedad se haya desgastado. En ese sentido, no podía haber decepción con Silvana.
Por otra parte, la diferencia entre Lo Sagrado y Marchita no fue la de una mera progresión. En buena medida, se trató de una reinvención de su identidad artística, lo cual no solo le da una nueva profundidad a cualquier catálogo musical, sino que puede (como en esta ocasión) ayudar a ir destilando aquello más valioso que tiene por ofrecer un creador. En el caso de Silvana, aún dentro de lo original y disfrutable que fue su primer disco, es claro que le faltaba a ella misma encontrar algunos de los ambientes sonoros donde más podía prosperar su propio potencial como intérprete y compositora.
De paso, la veracruzana tuvo la buena fortuna y excelente tino de que la nueva sensibilidad (íntima y a veces desgarradora) encontrada en la música de Marchita, conectara rápidamente con la idiosincrasia de una generación nacional que se encontraba sedienta de música que le permitiera regresar a sus raíces y ampliar abruptamente su a veces limitado panorama emocional y espiritual. Y digo limitado no por sus propias carencias, por supuesto, sino por las carencias de una industria musical que subestima y simplifica constantemente a su audiencia.
Todavía más suerte y buen tino fue que esa aceptación por parte de los escuchas nacionales encajara de forma casi perfecta con las expectativas e ideas que la audiencia extranjera tiene de lo que debe de ser una creadora mexicana que se digne de serlo. Y no quiero que esto se lea como recriminación a la música de Silvana ni mucho menos; pero tampoco podemos negar que la música acústica con toques folclóricos y tradicionales, así como interpretaciones profundamente emocionales y vocalmente histriónicas es exactamente el cajón en el que el mercado de snobs extranjeros tiene a su artista mexicana. Ahí alado de Natalia, Chavela y Frida.
Por supuesto, y no tendría que ser necesario recalcarlo, lo que hace Silvana en este disco es tan bueno que su éxito debe de ser celebrado independientemente del cajón en el que se le pueda o no poner.
Como punto final y desde mi humilde posición, me parece que este sigue siendo el mejor lanzamiento que nos ha obsequiado la cantautora mexicana, y creo que en general el sentimiento popular y crítico concuerda en ese mismo sentido. Sin embargo, la gran calidad de sus tres discos en largo y el hecho de que en cada uno de ellos haya encontrado la forma de seguir proponiendo desde lo estético, lo visual y lo musical, nos habla de una creadora de alto nivel de la que debemos estar orgullosos.


