Portada del libro Nómadas del Yermo.
Portada del libro Nómadas del Yermo.
Calificación recomendado de Rehilete
Calificación recomendado de Rehilete

Reseña por Memo Fromow

Nómadas del Yermo (2013)
Raúl Treviño
Fixion
Libro: Novela Gráfica

Un manga mexicano en el fin del mundo, si hay tal cosa.

El mundo de la ilustración lleva años enfrascado en una discusión bizantina sobre si se puede llamar manga a los cómics que beben del estilo japonés, pero que no son hechos en Japón ni por japoneses; o si deben llevar otro nombre, como ñanga o manga latino. En otro tiempo, cuando me encantaba ver videos de teorías de series animadas o “análisis psicológicos” de personajes de caricatura, feliz como lombriz hubiera yo entrado al quite de este inutilísimo, y sin embargo, tan visceral debate (no creerían lo intensa que se pone la gente con esto). Hoy, sin embargo, la verdad es que ya no está uno para perder el tiempo en repensar la mortalidad del cangrejo por enésima vez y las cosas se reducen, menos mal, a hacer o no hacer las cosas, y vaya que Raúl Treviño se puso a hacerlas como Dios y Osamu Tezuka mandan.


Sepa la bola qué año es, pero desde hace tiempo que la sociedad humana colapsó debido a que de repente, la Tierra empezó a ser azotada por lluvias de meteoritos que hicieron de plano imposible construir nada en sociedad: si bien la crisis se pudo medio paliar al principio, los gobiernos terminaron por colapsar, dando paso a una era Mad Max con todo y ropa de látex que cubre solo lo esencial. Los páramos del viejo México, y por lo que cabe suponer, del mundo entero, son ahora surcados por nómadas barbáricos que sobreviven como pueden, peleando por el recurso más valioso y versátil que queda en el mundo: los pollos, que fungen como alimento, combustible, moneda, fuente de energía y demás.

Milla, Splitter, y Chapi son 3 nómadas de las estepas post-apocalípticas que navegan en “El Pirata”, un coche reforzado. Milla es una chica joven y aventada, aunque algo egoísta y caprichosa; Chapi, un niño genio de nobles sentimientos, y Splitter es un idiota con muchas agallas: los agarramos cuando están a punto de robar los pollos de la fortaleza del Rey Kuir, un señor de la guerra / Drag Queen que es de los más poderosos personajes de esta historia. Las cosas, para variar, salen mal, y para peor, una lluvia de meteoritos da al traste con todo y deja un montón de extrañas semillas que de inmediato llaman la atención de los pollos, quienes las comen con singular alegría… algo raro va a pasar aquí, y entre caníbales motociclistas, conspiraciones extraterrestres, bandas de motoristas travestidos, bandas de mutantes y cuates raros que se hacen llamara Los Jariosos, un mariachi errante de apariencia sospechosamente asiática y muchas otras fantásticas barrabasadas dignas de cualquier locura de animé, nuestro trío de inadaptados va a verse en medio de una conspiración de escala planetaria que explicará el por qué del actual estado de la Tierra.

El dibujo no deja lugar a dudas: Treviño es un profesional, un dibujante consumado. El dibujo es siempre dinámico, acelerado y como buen cómic de a de veras, nunca se siente quieto, nada de trucos ni cuadros incómodos en que parece querer compensar con detalle la falta de movimiento, verdadero corazón del arte secuencial. Anatomías bien entendidas que han sido perfectamente funcionalizadas con el estilo del autor, que me recuerda mucho al de Jamie Hewlett y que, cuando quiere, se descuelga con despliegues barrocos que uno no teme comparar con cualquier mangaka de abolengo.
La obra demuestra una excelente comprensión de la perspectiva, la composición y la anatomía: las grandes señoras del dibujo.


No es por ser lambiscón, ni por demeritar el trabajo de nadie, pero de veras no pensaba que entre los comiqueros mexicanos existiera tal nivel de virtuosismo. Si no te atrajo la historia, vale la pena por el puro dibujo. Hay talento, solo falta apoyarlo… o un medio que le permita crecer.

La historia es original; extravagante como lo esperarías de un creador de historias japonés… ¡pero es mexicano! Eso sí, no es la parte fuerte de este cómic. Sí, es original; sí, es divertido; sí, hasta tiene su eye candy y sus momentos ecchi cual buen manga de comedia que trata con desparpajo hasta los tabúes, pero la historia se queda con ganas de muchas cosas, sobre todo de una secuela, y se nota. Hay varios elementos que no llegan a nada o no reciben la atención que su importancia en la historia parecerían depararles: Fly, el misterioso motociclista caníbal que tanta importancia tiene, desaparece después del 1er tercio del 2º número y no lo volvemos a ver; los aliados del rey Kuir, en los que tanto parece haberse derrochado diseño y los cuales parecen tener mucho peso en este mundo, saludan, hacen un par de chistes subidos de tono y hasta nunca; los mutantes prometen una bran batalla que se disuelve en un chiste que, aunque ocurrente, nos deja vestidos y alborotados; y lo peor para un romántico como su servilleta: la relación Splitter-Milla, el autor nomás no la dejó cuajar. Todo esto, más que fallas como guionista, creo que se explica porque creo que Raúl quiso, en su momento, hacer de esta aventura la primera de varias, pero por desgracia fue la última. A la fecha, el mundo de Nómadas del Yermo se reduce a estos 3 tomos y no parece haber planes de continuarlo por parte del autor, ni siquiera de reimprimirlo, según el sujeto que me lo vendió. Otra cosa que me quita el subdesarrollo de la industria del cómic.

¡Maldita precariedad, maldita!

Nómadas del Yermo empezó a publicarse por internet desde el año 2010 y continuó publicándose hasta 2013, año en el cual pudo imprimirse por primera vez. Es lo suficientemente voluminosa para llenar 3 tomos de más de 100 páginas cada uno. No sé ustedes, pero lo que soy yo, no me enteré de que esta cosa tan tremenda existía sino hasta hace menos de un mes: y eso que, según yo, por aquel lejano 2013 estaba metiéndome de lleno al mundo de la ilustración, pobre e ingenuo de mí. Para ser justos, aunque yo no estaba muy al tanto de la escena nacional, estoy bastante seguro de que la mayoría de ustedes, lectores de esta reseña, tampoco se enteraron de Nómadas del Yermo sino hasta ahora. Como muchos productos del cómic mexicano contemporáneo, se movió más bien por los circuitos underground y tuvo la fortuna de hallar su público nicho específico gracias a internet, el cual le permitió sobrevivir y terminar su historia, raro privilegio entre los creadores indie, y más aquí en México.

Pese a su calidad, plenamente profesional, no tuvo ningún padrino entre las editoriales de peso que se animara a publicarla y sus consumidores directos fueron quienes financiaron de principio a fin este proyecto. Gran triunfo para Raúl, vergüenza para nuestra industria: el hecho de que se trata de un producto plenamente desarrollado y de excelente factura al punto de que su autor ahora se gana las habas como ilustrador en Japón (además de contar entre sus empleadores a la Marvel, DC, Dark Horse y haber colaborado con editoriales europeas) no habla muy bien del medio editorial mainstream en México; tal es la crisis y/o la desconfianza frente a los creadores nacionales que no basta tener un producto perfectamente marketeable y una trayectoria de miedo para ser notado, y las editoriales independientes no tienen suficiente vapor (ni presumiblemente público) todavía, como para poder ofrecer a los autores algo más que un éxito modesto y alguna tiradas más bien pequeñas, si bien les va. Aún es necesario parir chayotes como autor y hombre orquesta empresarial (editor, marketero, vendedor, etc.) no digamos para tener éxito, sino para poder terminar un proyecto.

Pero dejémonos de tristezas y levanten esas caras largas, que para eso fue hecho este cómic: una avalancha de comedia estilo programa de concursos japonés que logra igualar lo estrafalario de tantos mangas japoneses con una identidad mexicana muy notoria sin la menor necesidad de recurrir a los tropos de cajón.

Yo, por mi parte, voy a estar siguiéndole la pista en los sucesivo a Raúl Treviño, que está muy activo en redes de Instagram a youtube y en su sitio web raultreviño.art, donde verás cosas que te harán decir “no puedo creer que esto no sea manga”. Si lo es o no lo es, a mí la neta me vale 3.88 toneladas métricas de caca radioactiva del yermo; como dicen tantos artistas que admiro: primero déjalo existir, ya después ves qué ingaos es, y en el ínter, gózalo.