




Reseña por Lalo Enríquez
Pato Box (2018)
2Think / Bromio
Videojuego: Pelea
En el desafiante título de los estudios mexicanos 2Think y Bromio, somos un hombre-pato boxeador que se enfrenta a la siniestra corrupción de Deathflock.
Videojugador que se precie de serlo sabe que el juego que te orilla a gritarle lleno de rabia a la pantalla, al tiempo que te mantiene enganchado durante horas ininterrumpidas y te hace saltar de felicidad cuando logras superar las pruebas, suele ser un título que se vuelve cercano a nuestro corazón. El balance perfecto: muy frustrante, pero muy satisfactorio.
Y es que nada te prepara para el reto y gozo que va a ser Pato Box. Su muy módico costo de 99 pesotes (al menos en la tienda de Switch), su estética 2D de bajo presupuesto y sus premisas tan sui géneris, nos llevarían a los incautos a pensar que se trata de otro jueguillo indie; completamente ignorable y si acaso bueno para pasar relajadamente el rato mientras uno se ufana de apoyar a la industria nacional del videojuego.
Después de dos horas perfeccionando hasta la locura el seguimiento de un ritmo hipnótico y el reconocimiento de patrones, con cañones de energía positiva y negativa apuntándote por todos lados (y eso solo un ejemplo de lo que toma vencer a uno de varios temibles contrincantes), cualquier noción de que esta será una experiencia reconfortante sale volando por la ventana.
Al principio uno piensa: “OK, un juego de box; espero que simplemente pegando como dios me da a entender pueda ir avanzando”. Agárrate. Sí no dominas al 100% (¡100%!) los movimientos de tu personaje e identificas totalmente el timing y los patrones de sonido y movimiento de tu contrincante no tienes ninguna oportunidad. Cada rival tiene una curva de aprendizaje: comienza con un patrón, al noquearlo regresa con un patrón aún más difícil y así regresa una última vez con una dificultad por lo general ya absurda y risible; la tercera noqueada es la vencida. Pero toma muchas, y muchas repeticiones para poder identificar sus puntos débiles y tus propias estrategias de defensa; eso porque el tema no es simplemente identificarlas, sino integrarlas a tu ser como un instinto casi automático. Cualquier cosa menos que eso es insuficiente para los creadores de Pato Box.
Más allá de los combates, que al final sí terminan siendo el aspecto más entrañable, nada en este juego se queda muy atrás. La verdad tiene de todo: intriga, misterio, buenos sustos, juegos de azar, niveles demandantes, excelente música de acompañamiento, comedia y un lore hasta eso bastante entrañable. No quiero decir mucho de la historia, ya que casi con cualquier comentario caería en spoilers; pero baste decir que nuestro personaje principal (Pato Box) es una creación de la corporación malvada Deathflock, de la cual tenemos que seguir los pasos para ir descubriendo la profundidad de su corrupción y la peculiar humanidad (o falta de ella) de cada uno de sus miembros principales.
Incluso en el tema visual, que al principio podría parecer de una simpleza exagerada, el juego termina por regalarnos varias postales y escenarios de lo más memorables. Es cierto que tiene sus limitaciones, pero toda la estética gráfica estilo comic noir termina por ser factor importante para el encanto de Pato Box.
La música de acompañamiento es otro aspecto que al principio cuestioné, y luego superó completamente mis expectativas. Cuando comencé a jugar, el estilo tecno e hiperactivo de la banda sonora me pareció fuera de lugar; por la estética noir y el aura de misterio de la historia, me imaginé que quizás algo de jazz, tango o algo por el estilo podría haber sido más adecuado. Pero al final todo el diseño de sonido se vuelve fundamental para la jugabilidad misma de Pato Box y se convierte en un todo totalmente integrado; estándar al que sin duda debe aspirar el soundtrack perfecto. El responsable de esta dimensión del juego es Controvol, un grupo de músicos basados en Puebla y que han trabajado en varios proyectos de videojuegos.
Finalmente, he de mencionar que 2Think y Bromio son los estudios (ambos mexicanos) detrás de Pato Box. César Arminio López, Samir Durán Kuri, Antonio Gutiérrez y Luis Enrique Vera son algunos de los nombres clave que podemos mencionar detrás del desarrollo y producción de este videojuego. De hecho, es posible encontrarlos en algunos de los escenarios del juego, camuflajeados entre otros NPCs.
Es curioso notar que en los videojuegos de los noventa era común encontrar este tipo de dificultad; en ellos la repetición incesante y el dominio de los tiempos era indispensable. Esto claramente ha cambiado y las nuevas generaciones lidian con títulos mucho más reconfortantes: incluso el género de los videojuegos terapéuticos se encuentra en evidente auge. De juegos recientes con este nivel de obstáculo solo puedo pensar en Cuphead.
Al final, Pato Box es la máxima demostración de que el carisma y el encanto de un videojuego no vienen de su presupuesto, ni de sus gráficos, ni de su promoción. En este título los amantes de los videojuegos de pelea encontrarán un reto y una historia para lamerse los bigotes.