Primera persona de uno de los grandes compositores mexicanos.
No queda duda de que Silvestre Revueltas es un artista en cuya vida y mito vemos reflejados muchos aspectos del espíritu creativo mexicano. No obstante, debemos aclarar que la idea y el inmenso encanto del artista incomprendido (como nos demuestran casos como el de Van Gogh, El Greco, Kafka, y tantos más) es un fenómeno de corte universal entre los humanos. Que la vida de un célebre creador haya dejado pistas de que su labor estuvo adelantada a su época; que el reconocimiento masivo o institucional nunca haya llegado durante su paso por el mundo terrenal; o que el creador en cuestión haya terminado sus días azotado por la indiferencia social, las adicciones, la ignominia o la locura, suelen ser todos factores para el ensalzamiento romántico y el sentido de identificación entre los bohemios de ayer y hoy que nunca faltarán... ni tampoco sobrarán.
Ahora, el primogénito de la célebre familia Revueltas (que dio escritores, pintores, actrices y teóricos), encaja plenamente solo con algunas de esas categorías mencionadas. Al menos en su contexto mexicano, es claro que como músico y creador Silvestre sí fue un adelantado; quizás no haya sido la vanguardia de la vanguardia mundial, pero si fue uno de los tempranos compositores latinoamericanos en mezclar el nacionalismo musical con corrientes e ideas de ruptura modernista.
El decir que fue ignorado por el público o las instituciones en vida sí sería una gigante exageración y más bien plenamente una mentira: como profesor y director de la Orquesta del Conservatorio, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, presidente de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, y encargado de la banda sonora de diversas películas de la era dorada del cine mexicano, podemos decir sin temor a equivocarnos que Silvestre no fue ni cercanamente una figura ignorada de su tiempo. Si acaso, más justo sería decir que su carácter hosco, melancólico e introvertido le cerró muchas de las puertas que sí aprovechó su némesis espiritual (si bien amigo por largas etapas y compañero de aventuras musicales) Carlos Chávez. Este último entendió y aprovechó las instituciones del México pos-revolucionario y no se tentó el corazón para colocarse como vaca sagrada de las instituciones culturales del priismo.
Lo que sí resulta más cierto es que, a pesar de su nada desdeñable éxito, Silvestre Revueltas terminó su vida adentrado en un hoyo emocional y físico bastante profundo, propiciado en mayor medida por su dependencia del alcohol; aunque en general es difícil desligar ese factor de una personalidad que siempre encontró problemas para alcanzar la satisfacción. Considerando que el mundo de los compositores clásicos o "cultos", como usted prefiera, sí hay muchos que alcanzan algunas de sus grandes obras maestras ya prácticamente en la vejez, sí resulta una pena y una área de especulación el que Silvestre haya fallecido con apenas 40 años. Por suerte, ya había dejado un nutrido y destacado catálogo a esas alturas de su vida; pero el "qué hubiera sido" siempre será un poderoso gobernante de nuestra imaginación.
Todo esto y muchos otros aspectos más personales y biográficos adquieren una nueva claridad con un texto que se ha vuelto clásico en el tema, pues lleva desde 1989 siendo publicado por Era para los apasionados de esta figura de la creatividad mexicana, así como de la música mexicana del Siglo XX en general.
Rescatadas y puestas a disposición por su hermana Rosaura Revueltas, esta colección de cartas y escritos de Silvestre reflejan varios momentos de su vida; algunos viviendo en Estados Unidos, otros en México, otros incluso como solidario ayudante en los conflictos armados de la guerra civil española; algunos como estudiante, otros como enamorado, otros como compositor, otros como activista.
Los textos, como señala el título del libro, nos dejan ver en primera persona a esta indudable figura de la música y la creatividad nacional bajo diferentes facetas y ángulos que terminan por construir un esbozo complejo de una vida que siempre partió de la contemplación y la reflexividad. En este sentido son reveladoras las postales que presenta Silvestre sobre su estancia en los conflictos españoles, que le infunden al duranguense cierta vitalidad al mostrarle una dimensión más práctica y consecuente de la vida, tan acostumbrado como él estaba al ambiente académico y artístico.
Aunque quizás no el escritor más ágil o entretenido, estas cartas son un gran recurso para quien quiera meterse al recoveco de quien hoy seguramente sea el compositor mexicano más venerado del Siglo XX.