Portada de la película Tlayucan.
Portada de la película Tlayucan.

Reseña por Memo Fromow

Tlayucan (1962)
Luis Alcoriza

Producciones Matouk
Película: Comedia

Una comedia que no da risa, pero igual te hará sonreír.

Lo raro de Luis Alcoriza es que, pese a que se le denomina a menudo como un cómico, varias de sus películas calificadas de comedias resultan más incómodas que jocosas. Pero eso no es malo, de hecho es un sello muy original que lo distingue como realizador, porque a pesar de rebozar de situaciones incómodas, trágicas y terribles, de alguna manera se las arregla para sacar una sonrisa; ya sea esa incómoda risa de lo que sabes que no te deberías reír (como en su macabra película A Paso de Cojo) o bien de satisfacción ante lo visto, como es el caso.

Dietrich Schwanitz, sabelotodo profesional del siglo pasado, describía la comedia como una estructura narrativa en la que las cosas empiezan mal y terminan bien: descripción muy grecolatina y funcional; ya después él le agrega de su cosecha diciendo que todas las comedias, independientemente de su tema son metáforas de un escenario universal en que dos novios que se quieren casar pero el padre de la novia no quiere consentir la boda y el novio se las arregla para lograrlo y luego… bueno, sobra decir que no concuerdo tanto en esa última generalización alegórica.

En lo que sí coincido es que esta película tiene muchos momentos absurdos, de un absurdo que no da risa, pero que sí preparan el camino para una última satisfacción que hace de todo el drama que estamos a punto de presenciar, digno del título de comedia, aunque nadie se esté dando de pastelazos, ni dando motivos para reír, sino más bien para sentirse, de hecho, bastante mal.

Eufemio y Chabela son un matrimonio joven y feliz con un hijo que quieren y los quiere… pero muy apretado económicamente. Él no tiene chamba fija y no puede trabajar en los ingenios azucareros de la zona porque, por andar defendiendo a sus compañeros en el trabajo y queriéndolos organizar, los patrones acabaron vetándolo de sus empresas: no se lo tomó personal, y sus cuates, aunque a la hora de la hora lo dejaron solo, siguen siendo sus cuates.

Chabela es leal, le da constantemente ánimos y lo ayuda como puede. Ya el sol volverá a brillar para ellos como antes: mientras no se presente ningún desastre, ellos tienen lo suficiente para seguir adelante una buena temporada en lo que engordan los puerquitos que crían en el patio. Pero por supuesto, ocurre un desastre: el cura de la iglesia anda balconeando a los lugareños que, como Eufemio, no han querido cooperar para comprarle las perlas al altar de Santa Lucía, e insta a sus feligreses a “hacer un gran sacrificio”, ya se los devolverá la Santa de algún modo. Más a fuerza que con ganas, Eufemio se compromete económicamente (aún más) para cumplir con la iglesia, y es ahí, justito ahí, cuando la desgracia aprovecha para colarse.

A continuación viene una serie de enredos que serían más divertidos si no estuvieran enmarcados por un ambiente de angustia constante en que las cosas van de mal en peor para personajes que no quisieras ver pasarla tan duro. El ambiente se ensombrece más a medida que la gente a su alrededor, incluso sus supuestos amigos parecen sacar lo peor de sí al ver que cuando la necesidad aprieta, por dinero pueden hacerse cosas de las que uno no se cree capaz.

Verdaderas estrujadas de corazoncito sufrirás viendo la debacle de una familia que claramente no se merece lo que les pasa, pero te prometo que hay razones por las cuales en los títulos de inicio dice que es una comedia, así que tampoco te estoy spoileando. Sí, hay muchas veces en las que uno se siente como el Chuerk (también conocido como el Shrek, para los fresas), diciendo “como si esas cosas pasaran”, pero esta película deja un muy fresco sabor de boca con el curso que toman los acontecimientos por ahí del último cuarto de la película: no es lo más original ni lo más verosímil, pero hay una gran satisfacción en como los personajes le dan la vuelta a tus expectativas y aquellos a los que te habían preparado para despreciar, convierten sus vicios en herramientas del bien.

Tlayucan es una película cansada, no solo por su duración y su ritmo, sino porque agota un poquillo ver tanta desgracia junta: su remate lo desquita, pero no le quita lo largo que se siente. Un detalle curioso de esto es que uno no esperaría esta discreción y exigencia disciplinaria por parte de una película cuyo argumento es obra de un luchador enmascarado: así es, lo que hizo el director Luis Alcoriza, fue adaptar un argumento original de Jesús “Murciélago” Velasco, uno de los primeros luchadores enmascarados mexicanos, que al retirarse se dedicó a actuar y a escribir. Y de quien, sospecho, viene la optimista visión de la vida que cuesta asociar con Alcoriza.

Nuestro director, como dije, tiene ese raro don de hacer comedia sin risas, y así como en otras obras suyas se sobreponen el vicio y la ruindad, es lindo ver como al combinarse con otra visión, también puede hacer algo más que reír: también puede sonreír.

Logo Rehilete.
Logo Rehilete.

contacto@rehiletemx.com

100% Hecho por humanos.