Cuando la animación mexicana mostró los...
Aquí en nuestra amada nación mexicana tendemos a usar la palabra “huevos” para muchas cosas. Aunque suene un poco vulgar de mi parte, mencionaré la obviedad de comparar los testículos con el alimento -el uso de la figura retórica del símil llevada a su máxima expresión; en fin, el mexicano. Pero más allá de eso, está la cuestión de emplear el huevo para otras cosas. Por ejemplo, usar la expresión: “Ahuevo” para decir “sí”; “Me importa un huevo” para referenciar el nulo interés hacía algo, pero con su dosis de desprecio; “Está de huevos” (la expresión que aquí nos atañe) para indicar que algo es increíble. Evidentemente con eso juega el título de esta película animada mexicana, la cual literalmente tiene como protagonistas a huevos y bueno, dice en el nombre que está “chida” la película (otra expresión en la cual no ahondaremos ahora).
Sin embargo, antes de entrar de lleno a la película, quisiera dar algo de contexto a manera de homenaje no tanto a la película, sino al proyecto de Huevocartoon que años después nos daría este largometraje. Por allá del lejano 2002 surgió en internet una página web que llegó a ocupar algunas de mis tardes como niño con acceso a una computadora y sin saber a qué páginas meterse para buscar entretenimiento. La página tenía cortometrajes de apenas un par de minutos sobre diversos personajes (todos huevos) que involucraban un humor muy mexicano y que satirizaba ciertos aspectos socioculturales de nuestro país. Su éxito fue tal que sólo le tomó unos cuantos años lograr dar el salto de la pantalla del computador a la grande.
En lo referente al film, Una película de huevos (2006) presenta una historia sencilla pero entretenida sobre Toto, un huevo que vive en una granja y que, como los demás, parece tener un destino ya decidido. Sin embargo, él no quiere resignarse a acabar convertido en alimento, así que la película arranca con esa idea de escapar de lo que parece inevitable. Desde el principio, Toto se muestra como un personaje miedoso y algo torpe, lo que hace que su aventura resulte más cercana y fácil de seguir. Conforme avanza la trama, Toto se ve obligado a salir de su espacio seguro y emprender un recorrido lleno de obstáculos. En ese camino conoce a otros personajes que lo acompañan y que le dan un tono más dinámico y cómico a la historia, especialmente porque cada uno aporta algo distinto al grupo. Juntos enfrentan situaciones absurdas, momentos de tensión y varios retos que van marcando el crecimiento del protagonista.
Lo interesante de la trama es que no se queda solo en la idea de escapar, sino que también muestra cómo Toto va cambiando poco a poco. Lo que empieza como el intento de evitar su destino termina convirtiéndose en una aventura de superación personal. A lo largo del viaje, el personaje aprende a confiar más en sí mismo, a actuar con valentía y a entender que el miedo no desaparece, pero sí se puede enfrentar.
Lo divertido de esta película es cómo logran fusionar el humor infantil con algunos chistes subidos de tono, pero bien disfrazados (para que los padres no se aburran), y una trama que inculca a no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. También debe de reconocerse siempre la labor de los animadores mexicanos en la era pre-inteligencia artificial, en la que crear largometrajes representaba verdaderamente un reto de tiempo y recursos. Así que, sin más que agregar sólo les quiero decir que vale la pena verse esta obra animada mexicana, porque sin ligar a dudas sí puedo decirles que “Está de huevos”.