


Reseña por Memo Fromow
Disparos, Plata y Celuloide (2023)
Ricardo Pérez Monftort
SM
Libro: Cine, fotografía
Décadas de vida y milagros del imaginario mexicano.
La realidad es aburrida, al menos si no la observas con cuidado. Por eso es que, desde que los humanos somos humanos, nos hemos inventado realidades más interesantes en las que habitar, donde las cosas no son lo que parecen y los aburridos detalles existenciales y administrativos de la vida real son convenientemente soslayados para hacer nacer a las imágenes de las que nos enamoramos y dan otro sabor a la vida.
Pero como todo proceso productivo, la fábrica de sueños arrastra también un largo pipeline lleno de las dificultades e irritantes inconvenientes del tipo que se dedica a difuminar para su audiencia.
Un niño o un consumidor primerizo se contentará con aceptar lo que ve en la pantalla, en una actitud que aproxima las imágenes a una especie de existencia más grande que la vida misma; pero al crecer y mirar detrás de la cortina del teatro, nos viene otro tipo de curiosidad ¿Cómo se hace? y si nos ponemos más aburridos, nos haremos también preguntas del tipo ¿Cuánto cuesta? ¿Quién lo paga?
Ricardo Pérez Monfort, reputado historiador y estudioso de las artes plásticas en México nos pone al tanto de algunos de los más sabrosos chismes detrás de los grandes fenómenos del cine; pero sus chismes no se centran tanto en los amores y escándalos de sus grandes estrellas (aunque también hay de eso, para los más telenoveleros), sino en las condiciones, políticas y culturales, que permitieron que algunas de la más grandes obras del cine mexicano existieran. Y que además determinaron la forma que tomaron y bajo la cual los espectadores las conocimos.
Con el espíritu crítico bien afinado, Monfort llama a sus superpoderes de historiador y realizador, que juntos son… redoble de tambores ¡Crítica Cultural! ¡Y la multitud enloquece!
Sé que sonará medio ñoño, pero es justo este tipo de crítica con la que podemos cobrar más conciencia sobre nosotros mismos al aprender como es que ciertas cosas que ni tú mismo sabías que creías llegaron a tu cabeza, dejaron de pagar la renta y jamás se fueron.
Como diría Severo Sarduy ¿De dónde vienen los charros cantantes? ¿De dónde venía la gente que sabía cómo filmar a los charros cantantes? ¿quién escribía los diálogos de los charros cantantes? ¿Quién le pagaba a la gente que filmaba y escribía para los charros cantantes y a los charros cantantes mismos?
Respondiendo a todas estas preguntas, Monfort desmenuza la economía política de la industria cinematográfica antes, durante y después de la llamada Época de Oro del Cine Mexicano: su conexión con la política cultural, y por tanto con los políticos; las imágenes preexistentes de las que sus argumentistas y productores se nutrieron, literarias o populares, y sí, también anécdotas inolvidables por lo estrambóticas como cuando Toshiro Mifune, sin hablar una palabra de español, se memorizó todos los diálogos de su personaje (el zapoteca Ánimas Trujano) para interpretarlo en la homónima película, cuya ácida crítica hace Monfort para concientizarnos sobre los peligros de creerle a la pantalla, aún cuando creemos que no le creemos…
No lo digo por ser economista, pero un poco sí: la manera en que nos organizamos para producir las cosas, incluso las que pueden parecer más frívolas, determina muchos otros aspectos de nuestras vidas que se relacionan con la realización de esos objetos. Una de las moralejas más claras que nos deja Monfort como historiador de la cultura, es QUE muchas de las más entrañables estampas, estereotipos e imágenes del cine mexicano son proyecciones de creencias muy rancias dentro de la vida político-cultural mexicana: el indio irresoluto que es a la vez salvaje / sumiso, noble / vicioso, amenaza / esencia; el campo mexicano como el idilio que nunca fue; la absoluta incomprensión de las drogas y el crimen. Peor tantito, en un entorno tan determinado por el exterior en virtud de el origen extranjero de la tecnología y el expertise necesarios para su realización, nos topamos en muchos casos con imágenes de México concebidas por extranjeros, con la desafortunada consecuencia de convertir al país y sus realidades en proyecciones de sus propias convicciones, no siempre generosas.
Cada quien tiene el derecho de ver con su dinero las películas que quiere… o de producirlas para que queden como quiera, y es a través del juego de espejos que es el mundo de los símbolos que creamos cosas nuevas, fantásticas y bellas: en el mundo de los símbolos la verdad pasa a segundo plano para dar la primacía a la belleza, que prestará su fuerza al mensaje, sin importar si este es falso o verdadero. La cosa es cuando cobran vida propia y el espejismo pretende hacerse pasar por la realidad: no eres inmune a la propaganda, dice un reciente adagio internetero, y no podría estar más en lo cierto.
Tan potente es la imagen, que hasta a la misma Historia puede suplantar.
El libro de Monfort es un muy ameno, y aún mejor investigado recordatorio sobre el desmedido poder que la imagen ejerce sobre nosotros, pobres changos sobre estimulados y, paradójicamente, aburridos. Tan tediosa es a ratos la vida, que es mejor creer en un México donde las cosas no tienen origen, en un mundo raro: un mundo que es como es desde el principio de los tiempos; donde los ricos también lloran, y Pepe el Toro estuvo condenado desde el principio; un mundo que no sabe del dolor, que triunfó en el amor, y que nunca ha llorado…




