Portada del libro El Fuego Verde.Portada del libro El Fuego Verde.
Calificación favorito de Rehilete
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Reseña por Lalo Enríquez

El Fuego Verde (1999)
Verónica Murguía
SM
Libro: Fantasía

Una carta de amor a la naturaleza, la fantasía y la cosmovisión medieval.

Quizás pecaré de lector de mentes, pero perdónenme que me explaye en mis hipótesis psicosociales de por qué en México la Fantasía no es precisamente un valor literario que hayamos explotado en su pleno potencial. Y sí, esa F mayúscula tiene su razón de ser, ya que realmente en la fantasía con minúscula no tenemos nada que envidiar: obras como Aura de Carlos Fuentes o Pedro Páramo de Juan Rulfo podrían entrar sin problema en dicha categoría bajo el cobijo de su “realismo mágico”.

Tal vez, es que a veces somos muy cínicos como para entrarle a la llamada “Alta fantasía” con todas sus alegorías morales y complejos mundos de ensueño; ejemplificada en obras clásicas como El Señor de los Anillos, Narnia, o La Historia sin Fin.

Por otra parte, los anglosajones y europeos en general pueden darse el lujo de identificarse plenamente con elfos, enanos, dragones; pero la situación es diferente para los mexicanos y otros pueblos latinoamericanos. La tradición occidental ha dejado su huella indeleble y profunda en la gran mayoría de nosotros, y tenemos internalizados sus arquetipos y leyendas. No obstante, ese mundo precristiano y druídico del imaginario fantástico europeo nos llegó 100% de segundo mano. Tristemente, tampoco tenemos en la mayoría de los casos tan presente ni tan integrado nuestro legado prehispánico como para adoptar a través de él un lenguaje simbólico que nos sea lo suficientemente significativo y personal como exige la buena fantasía.

Por ello, yo agradezco verdaderamente la existencia de este libro, que no da muestra de los complejos que son tan comunes en el referido contexto. No necesita ni busca ser una reinterpretación, ni adaptación de la fantasía europea a la idiosincrasia o la estética mexicana (lo cual obvio también tendría su mérito): es simplemente una carta de amor a una tradición que querámoslo o no ha adquirido connotaciones de humanidad universales, insertándose cómodamente en esa rica traición literaria sin pedir perdón por ello.

Por supuesto, el lenguaje en el que está escrito ya imprime algo del mundo personal y cultural de la autora a este libro. Pero fuera de ello, nos encontramos aquí con una admiración sin diluir hacia la historia y la cultura medieval europea, la fantasía pagana y nórdica, así como hacia la naturaleza: tanto en su dimensión idealizada, como en su dimensión brutal. No me sorprendió enterarme que los estudios de Verónica Murguía incluyen la disciplina de la historia, pues el relato refleja un conocimiento considerable de las costumbres, alimentación, creencias y medios de transmisión del conocimiento durante la era feudal.

Ya hablando sobre la narrativa como tal, podemos describirla como una novela más bien corta que aborda la pérdida de la inocencia adolescente como un dilema entre la pureza de la naturaleza y la decadencia de la urbe, utilizando para ello el poder simbólico de la alta fantasía.

Podemos encontrar analogías muy fuertes en la estructura narrativa con obras clásicas como Alicia en el País de las Maravillas, u creaciones posteriores a esta, como lo es El Viaje de Chihiro. Todas estas hablan de una mujer joven que se adentra en un mundo fantástico como parte de un viaje de crecimiento personal. Creo que aquí una diferencia fundamental es que la introducción de Luned (nuestra personaje principal) al mundo fantástico se da un poco después de la mitad del libro. Esto nos lleva incluso por momentos a dudar que vaya a tratarse verdaderamente de un libro de fantasía. No quiero seguir con spoilers, pero baste decir que la segunda mitad del libro no decepciona en absoluto en el sentido de abrazar esa dimensión fantástica. El hecho de que tenga un balance entre el realismo de la primera mitas y el ensueño es uno de los grandes méritos del texto.

Al final, también creo que hay una dosis muy saludable y encomiable de moraleja a la antigua en el mensaje de Murguía. A veces es cansado el cinismo que impera por estos lares: no hay como una obra que reflexione profundamente sobre la condición humana, y que venga a presentarnos de una forma nueva las verdades que nunca debieron olvidarse. Y en México… bueno, creo que hay indicios poderosos de que esas verdades seguido se nos olvidan.