Portada del libro El Verbo del Deseo.
Portada del libro El Verbo del Deseo.

Reseña por Memo Fromow

El Verbo del Deseo (2024)
Jorge Aguilar Mora

Era
Libro: Narrativa histórica / Ensayo literario

El Siglo apenas empieza, pero nosotros ya terminamos.

En Fantasmas de la Luz y el Caos dejamos al mundo en 1802, con Alexander von Humboldt y Antonio José de Caldas separándose, el uno rumbo a Perú para proseguir con su expedición científica, y el otro a otra expedición científica y a una vida de amargura.

En Europa, nuestros amigos desempleados o precariamente empleados del antiguo grupo de Jena, siguen ganándose la vida como pueden: dando clases particulares, clases en la universidad, clases por suscripción, clases de idiomas: un poco como los filósofos de ahora…

Napoleón está por coronarse emperador después de que la Paz de Amiens no duró más que un año y por motivo de la Isla de Malta, escala vital en la navegación mediterránea que Inglaterra no quiso soltar aunque prometió que lo iba a hacer, la Pérfida Albion (alias Inglaterra) y Francia están otra vez en guerra. Mientras los agentes británicos siembran las semillas de un atentado para asesinar al Napi sirviéndose de antiguos realistas, el poeta Hölderlin, torturado por la cada vez más desgarradora consciencia de que la modernidad no traerá el regreso de los dioses ni de la Grecia clásica, se sume en una etapa muy rara de su vida que lo tendrá trashumando a pie entre Francia y Alemania antes de que lo recluyan en el manicomio un rato.

Madame de Staël intenta sin mucho éxito adentrarse en la vida cultural alemana luego de que Napoleón la corrió de París ¡Y apenas le cabe en la cabeza que un grande como Goethe sea tan panzón! Sus opiniones de la literatura alemana y de muchas otras cosas son objeto de burla de parte de la reina de los salones culturales alemanes: Rahel Levin.
Esto y mucho, mucho más en el último tomo de esta apasionante trilogía del pensamiento.


Después de lo que fue, por momentos, una muy tortuosa y esforzada lectura que requirió aún más lecturas de apoyo para medio entender algunas de los pasajes más oscuros de estos libros, creo que puedo sacar en claro los temas predominantes sobre los que más machaconamente se insistió a fin de dejar claro su papel como hilos conductores en el desarrollo del siglo que Mora dejó trunco. Ahora bien, quiero que quede claro que rara vez hago esto, pero me voy a poner algo pedagógico y voy a hacer parrafitos que dividen los temas que entendí, cual vulgar tarea de preparatoria, espero no les moleste mucho ni los haga rememorar épocas demasiado aburridas, pero creo que les puede ayudar a ustedes para guiarse en la lectura si deciden emprenderla y a mí a poner en claro mis conclusiones.

Una vez le dijeron a Madame de Stael que nunca iba a llegar a entender la literatura alemana por mucho alemán que hablara ya que ella era demasiado distinta de los alemanes; debo admitir que me siento un poco así con este libro de Mora, porque aunque los dos somos mexicanos metidos en asuntos de tiempos y naciones extraños, lo cierto es que el hombre a veces es demasiado culto hasta para sí mismo y se embrolla en unas disquisiciones estéticas que resultan muy difíciles de penetrar. Pero bueno, ya yo me estoy poniendo igual así que estas son:

Las 5 ideas guía para adentrarte en la concepción Moriana de la modernidad, según Memo Fromow…

Ahora, como diría cierto youtuber:

Número 1

1. La concepción del absoluto, su imposibilidad y la dolorosa partición del hombre con su totalidad: Schelling, Rosseau, el debate por el origen del hombre, Hölderlin.

Como subproducto del racionalismo y el creciente materialismo que resultaba inaceptable para la moral europea, Kant admitió que aunque en efecto podíamos conocer los fenómenos, no podíamos dar con su causa, y limitados por nuestros sentidos, nunca daríamos con ella. Así pues, dio con la abstracción del Imperativo Categórico para intentar dar sentido a la nueva maraña de hechos que parecían indicar que, después de todo, nada respondía objetivamente a los cánones morales de los últimos siglos más allá de la conveniencia. El universo es un todo sublime e inmenso, pero al que estamos condenados a mirar de lejitos sin poder llegarlo a conocer nunca propiamente; de esa forma quedan invalidados siglos de panteísmo y otros subterfugios teóricos para dar sentido a la espiritualidad de Europa. En consecuencia, el sentimiento de orfandad cósmica se acentúa y da lugar a un sentir generalizado de haber perdido algo: nuestro lugar en el cosmos. Los poetas por excelencia de esta ruptura son Jean Paul Richter y Friedrich Holderlin. Esto también explica el desesperado deseo de emulación de la Grecia clásica, según la cultura europea “el último período en que el hombre se adecuó a la naturaleza”, pero ese retorno se prueba imposible y su consecuencia cultural es el Romántico como asunción de la belleza del pasado, pero aceptación de que aquella vieja inocencia nunca volverá. Ni modo.

Número 2

2. La autoconsciencia y el nacimiento de la concepción del individuo como nuevo protagonista de la historia: ¡Pero no todo está perdido! Nuestra inocencia de antaño sí, esa sí chupo faros.

Pero del ahogado el sombrero: ahora el hombre es el hombre solo, consciente de sí mismo y de su lugar en la naturaleza. Kant, quien por si no se habían dado cuenta es una presencia constante a lo largo de la trilogía, también es el autor del famoso aforismo Sapere Aude o "Atrévete a Saber", con lo que si bien admitía que nuestro conocimiento es limitado, el servirnos del él como medio de cambiar el mundo es lo que hace al hombre un Hombre: su capacidad creadora, su curiosidad infinita y su perenne deseo de más, más y más. Claro que eso de disociarse de uno mismo no viene sin consecuencias, y además de la dolorosa sensación de ruptura del párrafo anterior, también trae inesperadas consecuencias en la literatura y la percepción de uno mismo y de los demás.

En el libro, la alegoría de esta nueva consciencia es el viaje de descubrimiento y autodescubrimiento de Humboldt por las Américas, de las que regresa finalmente cambiado de un estirado alemán en un hombre que lo ha visto ya todo, pero que sabe que nunca podrá ser todo. La tragedia del hombre emancipado de la naturaleza. El reverso de la actitud de Humboldt, un tanto desencantado de la civilización, está en el de Lewis y Clark. Comisionados en secreto por el presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, quien acaba de comprar la Louisiana salvando espinosos escollos diplomáticos que ya mero lo meten en guerra con España y Francia, este par (el uno un aventurero con un curso al vapor como científico y el otro un ex soldado en las guerras indias) se disponen a penetrar las espesuras del continente desconocido más allá del río Missouri, ávidos de la riqueza y el futuro promisorio que se esconde más allá de las fronteras dibujadas en el mapa. A estos pragmáticos hombres nuevos poco les preocupa la tragedia cósmica, ellos aún creen que poseyendo todo, podrán tenerlo todo.

Unos vienen y otros van.

Número 3

3. El rompimiento romántico con el clasicismo y su apertura a todas las realidades:

Ahora el mundo es de los nadie que empiezan a ser cuando se dan cuenta de que, después de todo, algo son. Para los escritores de la escuela romántica, que se rebelan contra el clasicismo afrancesado dizque-griego de sus maestros Goethe y Schiller, esto se traduce en novelas donde el protagonista empieza a recibir un tratamiento literario inédito: ejemplo paradigmático es la novela Lucinde de August Wilhelm Schlegel, que resultó carne muy cruda, pero que manifestaba la nueva percepción del ser humano en un mundo que ahora le pertenecía más allá de la técnica, sino también en la moral y la ficción: al diablo los manidos modelos greco-latinos que ya para entonces todo mundo había explotado hasta el hartazgo, ahora todo puede pasar. Tanto caló esto, que, de verlos con desconfianza, hasta el mismo Goethe le entra con su obra La Hija Natural, en donde a lo esquemático de la trama, lo renueva lo extraño del desenlace, muy burgués para alguien que antes solo aspiraba a lo noble tan noble que nadie más que un noble nobilísimo podía alcanzar.


Por mientras por supuesto, y fuera de Almenia teníamos ya a Sade, a Chateaubriand y seguramente a varios más en otras latitudes: las grandes revelaciones nunca vienen solas.

Número 4

4. La toma de consciencia del tiempo como elemento que aumenta la conciencia de la partición esencial del hombre y como valorizador: así como el individuo tomó distancia de sí mismo al tomar consciencia de sí, también el tiempo, antes tan infinito que no se le veían los confines toma un nuevo significado. El antiguo tiempo de Dios ahora está científica y cuidadosamente compartimentado para establecer la distancia de las cosas y de la Historia, antes simple montón de acontecimientos sin ton ni son: ahora que sabemos que estamos en el mundo, se vuelve importante saber donde y cuándo estamos. En este nuevo tiempo bien ordenadito cobra importancia, nos servimos de él para cosas como el interés compuesto, el progreso de la especie, la toma de pesos y medidas, la misma distancia de los hombres con su pensamiento, todo está mediado por el tiempo.

Cada cosa en su lugar.


Número 5

5. Las nuevas abstracciones como el dinero y su enunciación como inicio de su presencia como realidades intangibles pero relevantes: así como el individuo y el tiempo, el lenguaje también cobra su propia autonomía y son ahora las ideas las que cobran cuerpo y empiezan a mandar en el mundo… que ya lo hacían desde antes, pero ahora sabemos ver cómo.
La Mano Invisible, la Gravitación Universal, el crédito y otras criaturas de fantasía que, sin embargo, rigen más férreamente que nunca las vidas humanas. No en vano, este tomo se llamó, El Verbo del Deseo.

Como siempre, el libro cuenta con un caudal de notas interesantísimas y muy bien investigadas sobre la ciencia, los aconteceres políticos, las biografías de los personajes que aparecen y cuanto puedas desear para meterte en un par de agujeros de conejo culturales, ideal para los curiosos. Sin embargo, ya he insistido en eso demasiado durante las últimas dos reseñas, de modo que mejor concluiré con una breve nota sobre el autor.

En 2024 falleció Jorge Aguilar Mora, autor de algunas de las obras críticas sobre la literatura mexicana más profundas y cuestionadoras: debido al profundo cuestionamiento de algunas de las figuras y cánones más arraigados entre la élite cultural, denunció en algunas (más bien pocas ocasiones) la obtusa hostilidad de la que fue objeto en ocasiones. Quizás debido a eso y a su posterior relocalización como catedrático en una universidad Maryland, Estados Unidos, Mora no figuró demasiado en el debate cultural, al menos no como alguien “famoso”; pues hasta donde sé, continuó colaborando con medios mexicanos por mucho tiempo más hasta poco antes de su muerte.

Aquí en Rehilete espero haber contribuido, aunque sea un poquito a disipar el velo de anonimato que amenaza cernirse sobre una figura que merece, más reconocimiento en el debate literario contemporáneo del que, parece, va a recibir.


Al final, nos quedamos con las ganas de saber cómo habría sido el Siglo XIX pintado por esta pluma magistral que fue la de Don Jorge. ¿Qué le vamos a hacer? Solo nos queda emprender el resto de la aventura nosotros mismos: el suyo no era el único mapa, pero como verdadero sabio que era, ciertamente me ayudó bastante a enmendar las erratas que había en el mío, y sospecho, les ayudará a ustedes a dar los siguientes pasos en el de ustedes, no solo en la historia, sino como pensadores que somos todos.

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