




Reseña por Memo Fromow
Esquina Bajan (1948)
Alejandro Galindo
Producciones Rodríguez Hmnos.
Película: Comedia
El amor igual viaja en pecero.
Júntense niños, júntense: voy a contarles a ustedes de un tiempo lejano, un tiempo de fantasía cuando el servicio de camiones de la CDMX apenas pasaba del primer cuadro y decir que llegaba de Mixcalco a Tacuba era como decir que se iba hasta Hidalgo o el Edomex; viajes a los confines de la civilización.
Ya entonces los operarios del transporte público tenían fama de agresivos, descorteses y atrabancados; de meterse hasta por donde no y hacerla de jamón por todo; de agarrarse con el pasaje y poner la unidad como lata de sardinas y pobre de aquel que se metiera con su gremio: se hallaría con las entradas a la ciudad taponeadas por camiones de línea, y hasta que no se arreglaran, todos se jodían. ¡Como hoy! Todo eso y más gajes que creíamos propios de nuestro amargado presente veremos aquí en el encantador ropaje del glorioso blanco y negro y llevados de la mano maestra de Alejandro Galindo, uno de los directores clásicos del cine de Oro y que ese mismo año venía de dirigir la bastante más clasemediera (¡ya reseñada aquí en Rehilete!) Una Familia de Tantas.
Esta es, como muchas, una historia en la Historia de México. Una historia de cuando la ciudad aún no se tragaba a medio valle de México y todo podía pasar en un camión cuando recorría las agrestes e inhóspitas tierras de allende las fronteras de la ciudad.
Gregorio y su achichincle-cobrador, Regalito, regentan un pecero para la línea Zócalo-Xochicalco y Anexas. En su unidad, ellos son soberanos y ay del que se les quiera andar saliendo del huacal, que a ninguno de los dos le tiembla la mano a la hora de los guamazos. Hacen lo que quieren, la chamba les da para su alipús y cuando hay problema, su barrio, digo, su sindicato los respalda. La vida es bella.
Pero es llegado el día en que la competencia, la línea Virreyes, se les andan subiendo a las barbas. Están en guerra con la Xochicalco para comerles el mandado y ganarles la prolongación de la línea que quieren desde hace tiempo. Entre las mañas de los Virreyes, está la de balconear a los operadores rivales por todas las barrabasadas que hacen, de modo que Xochicalco determina que, si quieren tener oportunidad de ganarles la partida, en lo sucesivo los operadores van a tener que comportarse.
Para descarrilarlos, los Virreyes mandan a la guapa Cholita con la misión de desviar a Gregorio del camino de la “cortesía”, quien se verá embarcado sin saberlo ni quererlo en una epopeya por el amor, la amistad y la chamba.
Si solo los operadores de transporte público de la vida real fueran como Gregorio y Regalito (interpretados por Fernando Soto “Mantequilla” y Constantino Reyes respectivamente) yo toleraría de buen grado todos los frenones, bachazos y hasta la siempre más abusiva tarifa del transporte. Esquina, Bajan...! nos presenta con unos personajes entrañables; adorables patanes que se te meten bajo la piel, pero también bajo el corazoncito. Pobres pero honrados, duros pero que saben amar con lealtad: esa marca de pobreza romantizada, divisa del cine populachero diseñado para desarmar y despolitizar al gran público, pero que no nos dejan sin un buen sabor de boca ¡Si solo así fueran las cosas!
Estamos de nuevo frente al optimismo propio del inicio del régimen priísta. La ciudad todavía no es ese monstruo fuera de control que devora poblados aledaños y aún es manejable gracias a un sistema de transporte relativamente primitivo. Este ritmo del Nuevo México es lo que se quiere transmitir con una filmación tan dinámica; todo mundo parece tener asuntos que atender, un lugar donde estar, un trabajo que hacer: nada de vagancia, todo mundo está a todo tren, y con excepción de las escenas dedicadas al romance y la exposición, esta película está siempre en movimiento: los mítines del sindicato, las peleas, las persecuciones, las carreras, las fiestas. Pensándolo bien, quizás no sean tantas escenas las dedicadas al barullo, pero están tan bien realizadas, que dan a la quietud del resto del filme una sensación de movimiento, aunque no esté ahí. Eso sí que es crear ritmo.
Los trabajadores como Gregorio y todo su gremio serán groseros, aventados y violentos, pero tienen un corazón de oro y auténtico espíritu de cuerpo para darle la cara entre todos al que haga falta a la hora de los problemas. El lado amable del sindicalismo, del corporativismo, del régimen, del transporte público y de muchas otras cosas que con el tiempo se degradarían hasta crear las abominaciones que nuestros antecesores en el arte de vivir en México aprenderían a despreciar, aquí son aún nuevos: México tiene un lugar para todos mientras sean chambeadores.
Caramba, se rezuma un entusiasmo casi gringo por el progreso y la sociedad industrial.
Como dije al principio, Galindo acababa de dirigir Una Familia de Tantas, lo que no deja de asombrar ante la versatilidad que muestra el director para pasar de un drama clasemediero con visos de comedia muy leve al ritmo frenético y puramente popular de Esquina, Bajan...! No estoy muy seguro de que Galindo fuera oriundo de las clases populares de México; si no era miembro de nacimiento de ellas, sí venía de una familia que tuvo que batallarle mucho, al parecer por las malas relaciones de su padre con el rival de Porfirio Díaz, golpista contra Madero y villano de la Historia mexicana Bernardo Reyes. Pasó por algunas buenas penurias antes y durante su formación como director en Hollywood, donde aprendió el oficio del cine, mientras trabajaba de otras cosas para mantenerse a flote.
Quizás eso explica ese optimismo tan gringo y empatía con los chambeadores de todo el mundo; en su filmografía se nota ese deseo de ver a México un lugar más amistoso con la modernidad y su subproducto, la expansión de la clase media-baja de 2da o 3era generación, producto del éxodo del campo a la ciudad, más abierta mentalmente respecto a sus padres campesinos, y más que los burgueses atascados en el porfiriato que retrata no sin cierta sorna en Una Familia de Tantas. Galindo sabía de quién iba a ser el mundo en unos años, y confrontó a México con las conversaciones que debía tener consigo mismo si aspiraba a seguirle el ritmo al mundo.
Sí, lo admito: he caído ingenuamente en la propaganda corporativa, pero es que da gusto ver que las cosas una vez funcionaron; que fueron aquello que fueron concebidas para ser; que en México también parecía la chamba alcanzaba para vivir sin importar lo aparentemente ínfima de la misa y que el amor y la suerte podían aparecerse un día frente a ti, esperándote sin saberlo en un asiento del camión…


