Portada del libro San Misterio.
Portada del libro San Misterio.
Calificación recomendado de Rehilete
Calificación recomendado de Rehilete

Reseña por Memo Fromow

San Misterio (2025)
C. Sallas / A. Navarrete / H. Cervera
Independiente
Libro: Novela Gráfica

Pueblo chico, misterio grande.

Este perro mundo está lleno de misterios: ¿de dónde venimos? ¿quiénes somos? ¿Por qué no puedo comer comida de gato si es comida al fin? Hay de misterios a misterios, claro está: desde sórdidas conspiraciones y fenómenos inexplicables a cosas más pedestres. De niños, todos tuvimos vivencias que, pese a ser en la mayoría de los casos ocurrencias curiosas, nuestra imaginación infantil infló hasta convertirlos en algunos de los grandes misterios del tercer milenio que a la fecha aún nos hacen preguntarnos si soñamos lo que vimos o vimos lo que soñamos.

Parte de la nostalgia que todos naturalmente sentimos por la niñez perdida es ese sentimiento de novedad que se hace más tenue conforme conocemos el mundo, y que es ligeramente siniestro cuando se trata de cosas que ni los adultos saben explicar o de las que no se atreven a a hablar abiertamente: si ya se tenía una imaginación calenturienta, el que se trate de oscuros secretos de familia lo acentúa aún más.

San Misterio es el nombre de un proyecto de animación que, al momento de escribir esta reseña, continúa en producción después de haber ganado el concurso Ideatoon del festival Pixelatl (uno de los eventos en torno a las industrias creativas más grandes de América Latina) del año 2021. Pero como la animación toma mucho tiempo, los creadores decidieron ir ablandando a su público y, entre que son peras y son manzanas, entrarle al mundo del cómic, total que así en el ínter se dan a conocer ante más gente.

San Misterio es el resultado del trabajo de varios años de desarrollo por parte Carlos Sallas y Ari Navarrete, dos ilustradores jóvenes que llevaron su proyecto a las ligas mayores y ganaron el Ideatoon, una dinámica dentro del Pixelatl que permite al ganador pasar a desarrollar el proyecto con la ayuda de profesionales, en este caso, del tremendo Humberto Cervera, antiguo productor del mismísimo Cartoon Network y autor de Fi-Tek Robolution, una novela gráfica en 4 volúmenes, entre otros proyectos. Era una unión que auguraba grandes cosas… tan grandes, que aún no las vemos del todo desarrolladas. Con todo y el apoyo de importantes instituciones del mundo de la creatividad y el entretenimiento, es difícil llevar a cabo un proyecto de gran envergadura y, de nuevo, aún entonces, no se está del todo a salvo de naufragar: a veces el patrocinio corporativo puede acabar mal, como en el archiconocido caso de Villanos de Alan Ituriel. Es necesario, entonces, tener paciencia con estos retoños que quieren hacer de la industria creativa en América Latina, un poco más viable.

A la fecha, la franquicia San Misterio se limita, para el gran público, a dos novelas gráficas en dos tomos, ambas auto conclusivas, pero claramente conectadas entre sí y con miras a aumentar su universo en previsión a cuando les llegue el momento de dar el salto a la pantalla chica.

La premisa es simple: Kiki y Luna son dos hermanas de las cuales nomás no se hace una (nocierto, son listas, solo algo eufóricas). Ambas son niñas de ciudad que, por circunstancias de la vida que se sienten demasiado reales para tener lugar en un mundo con una paleta de colores tan controlada, de pronto tienen que cambiar de ambiente a San Misterio, mucho nombre para lo que resulta ser una ranchería desabrida de las que México está lleno. Este par de chicas llevan buena parte de su vida escuchando anécdotas sobre este pueblo del que era su abuela y, como sucede en toda mente infantil, se han hecho una idea desproporcionada de un lugar que claramente no corresponde a sus expectativas. Pero, mirando más de cerca y como cabe esperar (porque para leer de pueblos polvorientos y sin chiste mejor leería a Tomás Mojarro, Agustín Yáñez o de perdis a Fernando Benítez), resulta que el villorrio esconde mucho más de lo que dejan ver sus viejitos ensombrerados, sus tienditas de la esquina y casas con Rotoplas en el techo: secretos de familia, criaturas encantadoramente extrañas y conspiraciones locales que nos recuerdan cuán cierto es ese dicho que reza “pueblo chico, infierno grande”. Aquí todo es lo que parece, hasta que no: Kiki y Luna se pintan solas para acabar embarradas en cosas que no pidieron, pero que quieran o no, les atañen por cuanto el pueblo parece aún cubierto por la larga sombra de su abuela Queta, que dejó en San Misterio un legado agridulce que los autores quieren ir desenvolviendo con el correr de los números futuros de este cómic, y por supuesto, con la serie.

Lo que tenemos entre manos es un afortunado vástago de la estela que el ya clásico Gravity Falls dejó hace más de 15 años. Se trató de una serie episódica colmada de detalles con un diseño simple y colorido, estelarizado por personajes quirky (raritos adorables como las animaciones de la década de los 2010´s nos enseñaron a quererlos) en ambientes que son la versión rocambolesca de escenarios tan ordinarios que duelen, pero que solo esperan la excusa más aparentemente corriente para que lo sobrenatural les saque lo interesante a golpe de absurdas coincidencias.

En el apartado gráfico, es imposible no notar la característica sencillez en el diseño de personajes que distingue a los cartoons de la pasada década y lo que va de la actual. Si bien el mal llamado estilo cal arts es un meme (uno bastante malo, por cierto), sí es notoria la preferencia por formas elementales y una paleta de colores sumamente controlada, claramente enfocada en el morado y el verde y los tonos apagados, imagino que para resaltar la sensación de monotonía, al menos antes de empezar con el misterio de a de veras: de pronto se vuelven fosforescentes para contrastar con la creciente oscuridad de los fondos. Insisto, el estilo de dibujo tan sencillo, y quizás por eso mismo tan fluido, te hace sentir como si estuvieras viendo un capítulo de una serie clásica estadounidense de animación.

Proyectos por el estilo en el mundo anglo parlante sobran, no así en español, aunque San Misterio no es el primero; ya antes Víctor y Valentino, producida también por Cartoon Network, probó a adaptar la fórmula de Gravity Falls a un escenario latinoamericano. Pero, aunque tuvo sus momentos, los zapatos por llenar son inmensos y no tuvo ni de cerca el mismo impacto en la cultura pop, ni dentro dela memoria colectiva de la generación que acaba de dejar la infancia en este lustro que acaba de terminar. ¿Será San Misterio el que se lleve la suerte para reclamar la herencia de los gemelos Pines?


Augurémosles lo mejor, y más si están llevados con tanto trabajo y sentido del diseño y la caricatura como claramente está San Misterio. En verdad, el trabajo no está solo invertido en el apartado estético, destacable de por sí, sino que Carlos, Ari y Humberto tienen un claro sentido de las relaciones públicas. A pocos proyectos he conocido que se conduzcan con una imagen tan pulida: los documentos anexos que documentan el proyecto dan cuenta de la profesionalidad adquirida por años de experiencia en el lado empresarial de la creatividad. Pásate por sus redes y su página (www.sanmisterio.com): te hacen recordar como es crear hype mediante el puro marketing.

Dijo Mark Twain alguna vez que, siendo joven, el río Mississippi fue de las grandes fascinaciones de su vida: sus recovecos, su fauna, su forma y profundidad cambiantes a cada recodo. Conforme se hizo más sabio y más viejo, fue desvelando sus secretos: los del Mississippi y los del sí mismo; el río perdió su hechizo y se volvió algo bello, pero ya nunca más lo que una vez fue. El Gran Misterio de su vida se había perdido, junto con su juventud y su inocencia. Allí donde hay sabiduría hay también pesar: nuestras vidas son ríos que van a dar a la mar…

Pero no para Kiki ni su hermana; todavía no. Ellas gozan de lo que nosotros tuvimos una vez e invitan al lector a revivir, por débil que sea, ese sentido de fascinación. Va, que a nosotros no nos tocó desvelar conspiraciones intergeneracionales que involucran abominaciones de antaño, pero a esta edad, que es otra edad, bien sabemos que lo importante no es el destino, sino el viaje.

Con ellas se inicia, si todo sale bien, el viaje de una nueva generación de niños que conocerán el género del misterio de su mano, y a los más viejos nos tocará contemplar cómo los creadores de nuestra generación reutilizan las influencias con las que crecimos para convertirlas en algo nuevo y más cercano a nosotros. A lo mejor y en 10 años, los memes de San Misterio me harán decir a la chamaquiza del futuro “Uuuuy, yo me acuerdo cuando salió el primer número” como el abuelo Simpson al pie del viejo árbol.

Ya les llegará la edad la chamba y los pesares: a ellos, a Kiki, a Luna, a nosotros y al mundo entero, pero hasta entonces vivamos el misterio con ellas como si fuera la primera vez.