Portada de la película Nazarín.
Portada de la película Nazarín.

Reseña por Memo Fromow

Nazarín (1959)
Rita Macedo

Barbachano Ponce
Película: Drama

Ya no es temporada de Mesías.

Es una frase tan gastada que hasta la encuentras en las secundarias esa de que: “si Cristo viviera hoy, lo volveríamos a crucificar”. Usualmente es usada como prolegómeno para justificar alguna cosa o insistir en alguna creencia de quien la cita (alguna mafufada de antología, por lo general). O mejor aún, de “Los perros ladran Sancho, es señal de que vamos por buen camino”, atribuida al Quijote, pero que no es sino una cita apócrifa perpetuada por abuelos machacones en tiempos sin internet.

Pues bien, Nazarí, del mismísimo Luis Buñuel, puede considerarse como la síntesis de esas dos frases sobre un personaje que es, a su vez, una mezcla de Cristo con Don Quijote. Un hombre noble y medio loco al que no bastan las amarguras e ingratitudes del mundo para desviarlo de la misión que tienen, aunque al final paga en sus carnes su fé en el género humano. Tristeza tan triste en verdad.


Basada en la novela homónima de Benito Pérez Galdós, a quien Buñuel consideraba maestro entre maestros, esta película es una adaptación al contexto mexicano de la historia que Galdós situó originalmente en los devastados caminos de una España amarga, hundida en la desolación de un siglo sin fe y sin rumbo como fue el XIX en la Península… Muy semejante al desabrido México del Porfiriato donde ahora veremos a Nazarín tratar de evangelizar (de nuevo) a un pueblo que no merece la redención.

El padre Nazario, alias Nazarín es un cura que malvive en una casa de vecindad donde se junta todo lo peorcito de la sociedad urbana de entonces: asesinos, ladrones, borrachos y todos los que el dizque orden y progreso dejó bien, pero bien atrás. En semejantes condiciones, Nazario lleva una vida excepcional, predicando con el ejemplo las lecciones de Jesús, alias el Cristo, en cuanto a llevar la miseria con resignación y dignidad, haciendo el bien sin mirar a quien y aguantando las burlas de todos los infames personajes de que vive rodeado. En semejante ambiente, es solo cuestión de tiempo antes que estalle un escándalo como nunca falta cuando dejas inconvenientemente juntos a criminales y espacios abandonados de la mano de las autoridades, que solo aparecen cuando ya llegó la sangre al río. Una querella por unos botones lleva a que una de las comadres de la vecindad, Andara, apuñale a la otra y acabe escondida en la celda del noble Nazarín, quien accede a ayudarle como puede mientras su huésped lleva una dolorosa convalecencia entre visiones inquietantes.

Pero como ninguna buena obra queda sin castigo, pronto se conoce el papel de Nazario en este asunto, y sin apenas haber tenido que ver en él, de pronto se ve en la necesidad de dejar a su torcido rebaño atrás y echarse a los caminos como en su tiempo lo hicieran Jesús y Alonso Quijano, mejor conocido como el Quijote. Igual que ellos, Nazarín va a enfrentar su propio destino por los caminos, llenos (como lo está siempre la senda del peregrino), de difíciles obstáculos que pondrán a prueba su entereza; pero nunca su fe.

Este mundo es tan chiquito, que en una de sus primeras paradas, termina encontrándose con Beatriz, una de sus vecinas en la casa de vecindad a quien brindaba apoyo emocional después de que la dejó su infame novio, Pinto, y con Andara, la mujer a quien diera asilo en su cuarto, culpable de su actual exilio. Dios los crea y el diablo los junta, pues resulta que Andara y Beatriz, medio tocadas por el incidente de la vecindad y por un par de afortunadas coincidencias que confunden con milagros, deciden volverse las discípulas de Nazarín, que ahora las llevará encima sin deberla ni temerla.

En un mundo aún presa de la superstición y el prejuicio, bastan a Nazarín un par de buenas obras para convertirlo en perseguido de la “justicia”, así como de algunas de las personas más despreciables que puedas encontrar. El León cree que todos son de su condición, y la nobleza de Nazario es a menudo señalada como lo contrario de lo que es: su humildad como sedición, su ejemplo como seducción, y sobre todo, el andar con dos mujeres, como poligamia. Si a eso le añades que Nazarín, ante el ultraje, no mete ni las manos, pues cabe esperarse una hora y media de puros corajes. Las etapas de que está compuesto el peregrinar de Nazario y sus amigas son un pequeño muestrario de las debilidades humanas presentadas con el cruel encanto de un viejo surrealista en tierra extraña como fue Buñuel: no destaca tanto la imagen estrafalaria estilo Macario como lo caricaturesco de las situaciones morales con las que el director nos confronta en cada parada.

Es bien conocida la posición de hondo pesimismo que el director Luis Buñuel tenía para con la vida y la humanidad: El Ángel Exterminador o Los Olvidados, son tan obvias en sus postulados misantrópicos que de no ser por la maestría de su realización, bien podrían ser meras películas de tesis. El argumento de Nazarín es una excusa que ni mandada hacer para alguien que, como Buñuel, parece disfrutar señalando lo más bajo del alma humana: la humanidad es ingrata y no tolera que el ejemplo de un hombre justo le eche en cara, con su sola conducta, sus propios pecados, de modo que lo único que puede hacer ante el espectáculo en negativo de su propia bajeza es acusar al mejor entre ellos de sus propios crímenes. Tan clara la cosa, no queda para nada duda del porque el sugerente título de Nazarín, tan similar al de cierto Nazareno que todos conocemos. Si me preguntas, filosóficamente no es algo que aporte mucho, profundice gran cosa o señale caminos originales en el ya largo trabajo de inspeccionar la “naturaleza humana”: Buñuel la tiene clara, y quiere que tú la tengas también, no vaya a ser que de pronto se te ocurra tener, no digamos ya fe, sino siquiera algo de optimismo.

Para variar, tenemos en las cámaras al imprescindible Gabriel Figueroa ¿Nos libraremos alguna vez de él? Ojalá no. Poco queda decir de su trabajo y sus inclinaciones, comentadas como ya han sido en Rehilete (Macario, El Gran Calavera, por mencionar solo algunas). Lo que sí, si tienes ocasión de verla en una calidad más o menos decente, no te ahorres el dinero del CD o Blu Ray o lo que haya todavía de formatos físicos hoy en día: las versiones digitales de fácil acceso (como youtube) no hacen justicia a la calidad de la filmación; aunque se trate de tomas mayormente sencillas, la melancolía de los escenarios bien valen la pena de contemplar dada la triste armonía que guardan con el tono general de la película y sus personajes. Un mundo viejo y cínico que parece haber nacido en ruinas desde el principio del tiempo.

Divertida no es, quizás ni siquiera entretenida como tal: Nazarín es un elegante reproche a la humanidad por lo que ya todos sabemos. Se agradece, sin embargo, que se haya ahorrado atascarse en la mera estampa tremendista latinoamericana y que el cambio de ambiente no responda solo a la circunstancia política del exilio de Luis Buñuel, sino a mostrarnos una vez más que el vicio, como la virtud, es universal, ya sea en los campos de México como en los de España; la miseria no redime, solo es miseria, y hay quienes la llevan mejor que otros. Para superarla, hay otros medios, pero como inveterado subversivo que fue, Lusi Buñuel nos deja claro que la mera nobleza, aún si es la del mejor de los hombres, no basta para contrarrestar los efectos de siglos de injusticia.

Logo Rehilete.
Logo Rehilete.

contacto@rehiletemx.com

100% Hecho por humanos.