Lista por Memo Fromow

Alguna vez escribí aquí en Rehilete que las Revoluciones, las que se escriben en mayúscula, son momentos en los cuales el mundo se vuelve del revés; vuelve a ser un mundo joven sin reglas en que todo puede suceder; un no-tiempo donde la historia no cuenta ni pesa para nada y todo se hace desde cero antes de que se solidifique de nuevo y vuelva a quedar inanimado e inerte. En eso, creo yo, las Revoluciones se emparenten con la fantasía, que es cuando el mundo deja aunque sea por un momento de funcionar, y cualquier cosa puede pasar. Ahora imagínense, cuando la Revolución se mezcla con la fantasía, la de cosas que pueden suceder… curiosamente no mucho. No en la literatura mexicana al menos.

Bastantito batallé para poder encontrar cuentos ambientadas en el tiempo de la Revolución que medio cuadren en el género de lo fantástico (no digamos obras de largo aliento). Creo que algo hay en la concepción de la política y de la Historia en los escritores mexicanos, agobiados como todos por la inveterada tradición de traiciones y gatopardismos, que les impide despegar demasiado los pies de la tierra. De modo que hasta cuando están en plenas infinidades siderales de la fantasía, sienten el tirón del realismo jalarlos de vuelta al México de las chicanadas y pequeñeces, como si ni aún en su imaginación pudiera ser el país distinto de lo que es, de lo que fue, y de lo que (según algunos) no podrá dejar de ser. No en vano la mayoría de la literatura del período revolucionario es casi estrictamente realista, periodística o con ambiciones de ser una crónica con qué construir desde el futuro la imagen del pasado: no es raro en un período en que todo fue política.

Personalmente, discrepo enérgicamente con esa visión fatalista y que tan a menudo deriva en un pesimismo ramplón de preparatoriano que acaba de descubrir a Schopenhauer o a Nietzche, y me da gusto que en la actualidad, el tono de algunos jóvenes autores al hablar de la Revolución sea, si no de un heroísmo ya oxidado y desprestigiado por discursos oficialistas, sí más humanista y abarcador de otros rubros que también jugaron un papel en las vidas de las personas de entonces, como lo juegan en las de la gente de hoy. Las alegrías domésticas, la familia o el amor, por mencionar algunas que, si bien son moneda corriente y hasta clichés en la ficción, quedan muy olvidados en la literatura del período de guerra que va de los años 1910 a 1924. Un buen ejemplo de ello es la novela gráfica Lupe Lobo de Rafael Radillo.

Pero bueno, mal que bien, saqué como pude de tanto muerto y desastre lo que pude encontrar que cuadrara con mi juguetona concepción de lo fantástico: de nuevo, cuando las cosas pasan como quieren, sin preocuparse de la lógica ni de la naturaleza.

El criterio que tomo para elaborar esta lista es sencillo:

a) Que esté ambientado y relacionado con los sucesos políticos o militares entre los años 1910 a 1928. Después de la rebelión delahuertista pero antes de la fundación del Partido Nacional Revolucionario (el abuelito del PRI, para los que lo hayan olvidado).
b) Que sea un relato corto y de autor conocido. No leyendas populares o anónimas.
c) Algo fantástico debe ocurrir; un suceso fuera de lo común, no solo como ambientación, sino como elemento relevante para el devenir del relato.

Así pues, hechos los preámbulos de rigor, les presento, los 5 mejores cuentos fantásticos de la Revolución Mexicana.

Portada del libro La Semana de Colores.
Portada del libro La Semana de Colores.

4. Regreso a San Pedro de las Colonias – Ignacio Solares (Lo encuentras en el libro Ficciones de la Revolución Mexicana)

Ficciones de la Revolución Mexicana, es una serie de ucronías que fantasean con el supuesto de cómo habrían transcurrido ciertos acontecimientos clave de la historia de la Revolución de haber sucedido de modo distinto. Este es una pequeña excepción a esa temática: en lugar de plantearse un “que tal sí”, de plano nos pone en la piel de un fantasma. Del de Madero, concretamente, mientras recorre como espíritu el lugar donde todo dio comienzo: un ático en la localidad de San Pedro de las Colonias, donde tenía propiedades, pero más importante, donde en una de sus sesiones espiritistas recibió el llamado del más allá para encender la chispa de los acontecimientos que desembocarían en su propia muerte. Madero reflexiona melancólicamente sobre la futilidad de los esfuerzos humanos y la condición trágica de la vida mientras se despide de su existencia terrenal.

La manera en que describe la experiencia de la incorporeidad y la plenitud supraterrenal ya había sido abordada por Solares en uno de sus libros anteriores,
No Hay Tal Lugar.

3. El Fusilado – José Vasconcelos (Lo encuentras en el libro Sonata Mágica)

Este viejo conocido de Rehilete vuelve a la carga con toda la verbosidad que le conocemos y metiéndose con el tema de la eternidad.

Nos ponemos en la piel un oficial con pretensiones intelectuales que acaba de perder la partida: su escuadrón acaba de ser derrotado, mientras que él y los suyos serán pasados por las armas a la brevedad. De poco valen súplicas y reclamos: la sentencia se cumple sobre su persona y él muere… solo para ver que al final, todas esas cosas que decían sobre la otra vida eran más o menos verdad. Desde arriba ya nada tiene sentido: ahora puede contemplar la existencia en su totalidad y se da cuenta del ínfimo lugar que los humanos y sus asuntos tienen en la vastedad del todo. Ya poco importan los ideales, la justicia, la venganza y todas esas cosas con las que nos obsesionamos nosotros, hormiguitas cósmicas, cuando todo el universo queda abierto para siempre.

Vasconcelos ya tenía un par de libros escritos sobre espiritualidad, influidos por sus investigaciones acerca de las culturas orientales en sus Estudios Indostanos. Las huellas de esa aventurilla intelectual y de su profunda convicción católica quedan más que patentes en este relato que pretende ser una especie de confesión de desengaño con el mundo, que se verá amargamente desmentida en la vida real dada su permanente actividad pública y sus continuas decepciones y fracasos en política.

Portada del libro Ficciones de la Revolución Mexicana.Portada del libro Ficciones de la Revolución Mexicana.

2. La Luna Decapitada – José Emilio Pacheco (Lo encuentras en el libro El Viento Distante)

El auge, caída y perdición sobrenatural de uno de tantos generalitos de juguete que se dieron como hongos durante la lucha armada sirven de pretexto a Pacheco para hacer una mezcolanza fantásticamente entreverada de elementos prehispánicos con los más modernos de la primera mitad del siglo XX.

Florencio Ortega, un oficial analfabeto del ejército carrancista es el encargado de cazar y dar muerte a los partidarios de Félix Díaz en Veracruz, capitaneados por el infame general Aurleiano Blanquet, viejo huertista conocido por su crueldad y por haber sido en su juventud, quien le diera el tiro de gracia en la cabeza a Maximiliano de Habsburgo. Ahora será Florencio quien reclamará su cabeza como macabro trofeo, a lo que seguirá una meteórica carrera en ascenso dentro de la élite política del momento. Su superior le menciona que eso de cortar cabezas le recuerda a la hazaña con que inició su vida Hutzilopochtli, quien decapitó a su hermana Coyolxauhqui, la luna, antes de ascender a la leyenda. Lo que sigue son las andanzas, rememoradas sabrosamente por terceros personajes, del auge e incierto fin de Florencio, que acabará perpetuando en su propia carne la maldición de una raza que parece condenada a la violencia.

El simbolismo y correspondencias son elegantísimos, muy propio de los juegos de imágenes tan practicados por Pacheco. Sazonado como está de simbología prehispánica, hazañas violentas y acontecimientos históricos que a la fecha siguen fascinando, es una lectura sofisticada, accesible y muy completa.

Así que ya se la saben chiquillos y chiquillas, si quieren que les cuenten cuentos, estos están entre los mejores para irse a dormir pensando en lo triste y lo hermoso de la vida después de un día de esos que hasta se sienten espesos de lo puro aburrido.

Bien sabemos todos que la vida no siempre está para cuentos, y menos para cuentos de cosas que poco tienen que ver con nuestra realidad, pero creo que el hecho de que haya habido quienes en medio de la devastación de la guerra o abrumados por la grisura de un régimen opresivo pudieron crear caminos fuera del mundo, es vivo testimonio de la grandeza del espíritu humano que cuando lo sujetan del cuerpo, se escapa por la imaginación.

¿Conoces algún otro cuento fantástico del período que crees que nos faltó o crees que puedes escribir algo mejor en materia de fantasía que los autores que vimos aquí?

Cuéntanoslo todo en redes, y a ver de qué cuero salen más correas…

Portada del libro El Viento Distante.
Portada del libro El Viento Distante.
Portada del libro Que Me Maten de Una Vez.
Portada del libro Que Me Maten de Una Vez.

5. Nuestras Vidas son los Ríos – Elena Garro (Lo encuentras en el libro La Semana de Colores)

Sí sí sí, todo mundo te va a hablar de La Culpa es de los Tlaxcaltecas, quizás el relato más conocido (y por buena razones) de La Semana de Colores, la compilación de cuentos de la desafortunada Elena Garro. Sin embargo, te garantizo que Nuestras Vidas son los Ríos, el relato con que el libro se cierra, también vale bastante la pena, aunque no sea tanto por el golpe de lo inesperado tan propio del género fantástico, al menos sí por la fusión de melancolía e imaginación que hacen de un cuadro deprimente y común como es uno de tantos fusilamientos, una estampa de esperanza frente a la fragilidad de la vida.

Lelinca y su hermana Eva, que son también las protagonistas de varios otros relatos contenidos en este libro, nos cuenta a su modo la ejecución del General Rueda Quijano, quien para estar a la moda de la época, murió con una expresión aparentemente serena y un desplante de excentricidad antes de que los ángeles pasaran a recogerlo como a los héroes al Valhalla; aunque las niñas tengan el pendiente de que pronto reencarnará solo para que el gobierno lo fusile otra vez como hace con “todos los mexicanos”. Esa noche, en casa de su tío viudo, Leli decide que lo que ella quiere ser en esta vida es un general mexicano, así con la O del masculino, a pesar de que las vidas de quienes toman vocación de redentor suelan ser más bien cortas y accidentadas antes de ir, como todas las vidas a fin de cuentas, a dar a la mar que es la muerte.

La reflexión en torno a la vida hecha con el pretexto de un fusilamiento y que toma el famoso verso de Jorge Manrique como eje gravitatorio temático nos da como resultado una narración que no por imposible y plena de absurdos (facilitados por la perspectiva infantil) pierde en solemnidad y melancolía.

La soltura de la perspectiva infantil que juguetea entre las dualidades real/ irreal y absurdo/realista sin solución de continuidad emparentan este relato con los de Nellie Campobello en Cartucho aunque sin alcanzar las cumbres expresivas que Campobello logra sin necesidad recurrir a la ruptura de la realidad, que es lo que en este caso la separa de Garro.

1. La Cuerda del General - Rafael Muñoz (Lo encuentras en el libro Que Me Maten de Una Vez y Relatos de la Revolución)

“Lamento que le hayamos dado tanto trabajo”, es la última, y sarcásticamente espartana frase que le dice el general villista Miguel Saavedra al oficial que va a ahorcarlo después de hacer lo propio con 40 de sus hombres, dejándolo a él para el final. Acto seguido, Saavedra salta a la muerte sin vacilar, sin una duda, sin ningún temor.

Así empieza la racha de suerte de nuestro oficial protagonista, quien después de cortar un pedazo de soga del muerto como amuleto de buena suerte, casi igual que en la estampa de Goya, arrasa con las mesas de juego de todo el norte mexicano, devastado física y espiritualmente por la guerra, pero en pleno auge de los nuevos ricos del carrancismo.

Esta es una historia que se vale de elementos clásicos de las leyendas medievales para contarnos una historia de infamia y honor más allá de la tumba. De como a cada quién le toca su ración de suerte, pero nada más la que justamente lo corresponde. Ni un ápice más, ni uno menos. Si no hay justicia en esta vida, sí hay honor en la muerte.

La conjunción de fuerza y extravagancia en las imágenes evocadas por la siempre expresiva prosa de Muñoz crean un relato de tonos fortísimos que recuerdan en su hosca limpidez a las leyendas medievales que vuelven a interpretarse en este nuevo e inesperado escenario: dentro del realismo que marca la mayoría de los relatos de Muñoz, La Cuerda del General es un exquisito capricho que descuella en una producción cuentística de por sí destacadísima.

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